Nana, ¿ha oído usted de Roma, la película?

Guadalupe Maya llegó a mi casa como todos los viernes, a eso de las 10 y media y las mascotas se alocan nomás de oírla en la calle. Yo escuché las llaves entrar en la cerradura de la puerta y nuestra perra, Pelusa, se alborotó dentro de la cama y empezó a llorar.
Mi nana entra y va hablando con los gatos. “Ay mi Gordo, qué bonito estás. A ver tú, enséñame la carita”. Yo la oigo y me sonrío. Ya llegó la nana.
Minutos después entra en a recámara. Ay qué frío hace afuera, me platica y yo respondo abriendo las cobijas de la cama. Métase, le digo y ella se quita los zapatos y se acomoda. Hacía meses que no podíamos hacer eso, acepté un trabajo de oficina y ya no pude pasar tiempo con ella.
Me cuenta de las otras casas que limpia, de la gente a la que cuida, de cómo tenemos esta patrona que le reclamó porque comió algo que estaba en el refrigerador y a mí me hierve la sangre cada que hablamos de ella porque, ah cómo me la tratan mal… Lo que diera yo por poder pagarle todos los días y que jamás tuviera que ir a otra casa. Lo que diera yo por tener una casa para ella y que no cruzara la ciudad todos los días. Lo que diera yo por que ella ya no trabajara nunca… “Ay no, me aburro”, ya la oí decir dentro de mi cabeza.
– Oiga Nana, ¿ha oído usted de Roma, la película?
– No.
– Ah pos mire, un director mexicano, muy famoso, muy famoso, que se lleva con gente muy de Hollywood pero que sigue haciendo cosas aquí, hizo una película con una muchacha que se ve igualita a usté. Que tiene nuestros ojos de capulín.
Los ojos de mi nana se iluminaron, parecían preguntar: ¿cómo así? No le dije mucho más, no más le expliqué que sucede en 1971, que pasa en la Roma, que Yalitza Aparicio es de Oaxaca como ella y que ya se ganó muchos premios y que salió en Vogue con ropa muy fina, y que.. “Yo creo que yo limpio mi recámara y usté hace el desayuno y nos echamos a ver Roma, ¿no?”
Cleo se pasea por atrás del sillón levantando platos, Ensalada de Locos suena y los niños ríen. Al final se sienta en el piso, en la orilla del sillón y uno de los niños le pasa el brazo. Mire cómo la quieren, mire nomás, dice mi nana y yo pienso qué absurdo es que haya seres humanos que consideren un acto de amor que uno los abrace como si fuera extraordinario. Pero así es, las mujeres y hombres que nos ayudan en los servicios de la casa se saben con trabajo sí, pero no se saben queridos si no se los decimos; y nosotros no ejercemos ese amor más que en los minutos en que ellos dejan de trabajar para nosotros.
Se le llenan los ojos de agua a mi nana, la abrazo y la historia se le cae de la boca: “Ayer vi a mi niño. ¡Ya tiene 22 años! Me dio 500 pesos”. Y con cada frase se le quebraba la voz. La edad de su hija, le contesté. Jijos nana, o que yo hubiera dado porque usté me criara como a él.
Yo tengo la edad de la hija mayor de mi nana. Y mi nana, tiene la edad de una de mis hermanas. Si unas pudimos estudiar y mantener a las otras, es nomás porque nacimos en lugares con más dinero, porque fregonas, somos todas.
Desde que vi Roma lloré. Lloré por mí, por que me veo en la carita de Yalitza… ya quisiera yo verdad, tener su carisma, su risa en los ojos, pero me veo en ella. Lloré porque México sigue siendo igual, sin importar nada. Lloré porque pos por cursi e impopular que sea, a mí me llena de orgullo que cualquier mexa la arme, que consiga lo que quiere. Y pos no jodan, qué manera de conseguir la de Cuarón, la de todos los que trabajan en Roma.
Lloré porque mi nana también es Cleo, y porque las Cleo de la vida no dejan de existir, porque siempre necesitaremos quién nos ayude en casa pero eso jamás debería significar un trabajo sin posibilidad de crecimiento, o sin derechos, o sin reconocimiento.
Decir que mi nana es como de mi familia es una aberración. Ella dice eso de mí, y eso me honra. Ella sí tiene familia, ella sí tiene hijos, nietos, primos, hermanos. Yo no tengo eso, ella ha sido mi familia los últimos 10 años de mi vida. Me ha aguantado todos los hombres que he metido en mi vida y en mi casa, todas las amigas que han entrado en mi vida y me han roto y de paso a ella, todas las pobrezas, todas las riquezas, todas las enfermedades, todas las angustias. Es ella quien con dos pesos en la bolsa, cruza la ciudad y viene a verme.
Es ella quien me hizo el privilegio de ver Roma conmigo, de entender Roma desde la perspectiva de quien la vive.
Si tienen una Cleo en su vida, por favor, no la suelten nunca. No importa lo que tengan que hacer para mantenerla, pero no la suelten nunca. Y si no la tienen, carajo, ¿qué chingados están haciendo de su vida que no buscan tener quién los quiera incondicionalmente como una nana?

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