Tres días sin teléfono

Hora cero
Estoy en la última clase del Taller de Social Media para Nutriólogas y me salí para entregar el iPhone 6s Plus que he usado los últimos 18 meses. Soy una atascada y quiero el X. Y por quererlo tengo que esperar porque todo mundo lo quiere y entonces no hay ninguno en ninguna tienda de ATT. Por eso, viviré sin teléfono 3 días, momento en que mi mejor amiga me prestará un 6, con el que viviré hasta que ATT me dé el X que quiero.

Pero María, tú siempre estás diciendo que no necesitamos cosas complicadas para vivir, que la vida es simple, que seamos hippies. 🙄 O sea, sí… pero me refiero a zapatos Manolo Blanic, a Birkin Bags, a relojes de mano que cuestan 1 millón de dólares, a un Porsche 911 cuando vives en la Ciudad de México. Vaya… a lujos que a mí no me dan de comer. Se me ocurre que si yo fuera Salma Hayek, no pensaría dos veces en tener unos lentes carísimos (pero además no tendría por qué porque mi familia es dueña de la mitad de las marcas más prestigiosas de moda en el mundo).

Vaya, cada quien sus lujos y sus justificaciones y sus culpas, por que sí, me da un chingo de culpa que me alcance la vida para pagarme a meses un teléfono de esos.

Entonces, 5 minutos sin teléfono y ya se me salieron todas las culpas. Muchas. A ver si esta días sin teléfono no me hacen pensar que no quiero el X (por sentir culpa), y termino comprándome una cosa que no quiero, sólo por sentir culpa, y luego me paso dos años arrepintiéndome de sentir culpa y conviviendo con un teléfono que no quiero.

Me quedo sola por minutos, o no tengo nada qué hacer y descubro que ya no sé dónde poner las manos. Traje mi iPod pero al abrirlo descubro que no tengo para qué hacerlo y me siento incómoda por la dependencia.

Sigo en clase y quise explicar algo sobre la pre-visualización de los covers de FB en celulares y agarré el celular del Master como si fuera el mío y no lo entendí hasta que el cable de corriente.

Llegué a casa y me dormí como suelo hacer todos los fines de semana, pero fue diferente: nada interrumpió mi sueño.

Cuando desperté tenía mensajes en Facebook Messenger, me entero que ATT no liberó el equipo que vendí y ahora hay que ir a la tienda a revisar qué pasó. Otra complicación por mi atascamiento brutal. Lo que estoy aprendiendo por ahora es que no debo cambiar de teléfono en agosto. Si me hubiera esperado a noviembre hace dos años, tendría un teléfono ahora que no me molestaría tener. Rompí mi regla de la paciencia y ahora la estoy rompiendo otra vez, será interesante ver qué demonios desata esta falta de paciencia actual.

DOMINGO
Ayer no tardé nada en dormir. No tener teléfono y que mi comunicación con el exterior esté supeditada a uniPod 6 hace que no tenga ganas de comunicarme ni de enterarme de nada: la pantalla es demasiado pequeña y el sistema operativo demasiado lento para mi impaciencia.

No hubo alarma que me despertara porque no quiero programar nada en el iPod puesto que mañana en la tarde tendré teléfono otra vez.

El aparato que vendí resulta que no estaba desbloqueado, así que tuve que usar el teléfono inalámbrico de mi casa, el que está conectado a land line. Se oye fatal, no sé cómo detenerlo y me resulta muy incómodo no poder usar mis audífonos con él.

Ha sido un alivio no tener que escuchar las alarmas de los mails ni las notificaciones de las páginas de Facebook, pero debo reconocer que si tuviera clientes con flujos demandantes de atención, estaría volviéndome loca y no querría despegarme de la computadora ni para ir al baño.

Hoy alguien con quien suelo escribirme por WhatsApp me escribió por DM porque comprendió, gracias a mis tuits, que no tenía servicio. ¿Por qué me parece raro comunicarse por otra plataforma cuando finalmente el servicio es el mismo?

No sé si tenga que ver, pero me bañé sin pensarlo. Normalmente me toma horas decidirme a meterme a la regadera, y ahora lo hice sin cuestionarlo gran cosa.

Los domingos suelo almorzar con Annie y Joakim a unas cuadras de mi casa. Después de bañarme le mandé un iMessage a Annie avisando que ya estaba en Otto. Me tomó muchísimo tiempo hacerlo porque el teclado es muy pequeño en el iPod. También tomé una foto, porque Margarita Nava me subió al mame de las fotos blanco y negro. Escribir el copy fue tan frustrante que lo hice sin ganas y básicamente lo mandé al carajo. Publiqué la foto y me olvidé de las redes sociales. Abrí mi Kindle y me puse a leer hasta que llegó Annie.

Luego llegó Joakim con su mamá y se volvió evidente para mí que todos sacamos el celular cuando nos sentimos incómodos, es parte de nuestra cultura generacional. La mamá de Joakim no usa el suyo, entonces no lo saca; Joakim no se separa de él y Annie me muestra fotos de sus gatos. Yo ya pasé de robarme el celular de Master ayer y soltarlo a los dos segundos a simplemente no buscar el refugio cómodo de la misantropía socialmente aceptada.

Fuimos a Costco y ahí sí lo extrañé un poco. El iPod no se conecta al bluetooth de mis audífonos y no pude aislarme. Por fortuna Annie traía clonazepam y me tomé algunas gotas para poder seguir porque el brazo ya se me estaba entumiendo y ya no estaba respirando bien.

En ese sentido el celular es una herramienta que me permite lidiar con el mundo cuando no quiero hacerlo.

 

LUNES

Desperté totalmente enferma del estómago. Abusé de los lácteos últimamente y estoy terriblemente enferma: escalofríos, incapacidad de moverme y no quieren saber lo cercana que me siento al excusado. No sé si tiene algo que ver con los nervios de vivir sin teléfono o de comprarme un teléfono que me hace sentir culpable… Tal vez no.

Una amiga me buscó por Whatsapp, again, y pues no estoy allá. Me buscó por FB chat y expliqué que no tengo celular y preguntó un poco angustiada por qué. Mi nana también estaba asombrada. Mi estilista dijo: !Estás incomunicada! Qué dependientes somos, qué fácil se volvió la vida eternamente conectada.

Dormí casi toda la tarde, el estómago no me deja hacer gran cosa. A eso de las 6 mi amiga Annie me trajo su iPhone 6 que usaré hasta que llegue el X. También por la tarde llegó el case para el iPhone X, así que básicamente tengo el mecate, pero no tengo el burro.

Es impresionante cómo con menos de 5 clicks, el teléfono nuevo parece exactamente el anterior. Se agradece muchísimo no tener que hacer gran cosa par recuperar todos tus contactos, aplicaciones, fotos, todo aquello a lo que ya te habías acostumbrado.

Whatsapp y la cámara. A eso se reduce un teléfono en mi vida. Fue lo que más extrañé. Ahora quedan varios días esperando a que llegue el teléfono que quiero y ver si de verdad lo quería o no.

¿Cuánto es lo que más se han quedado sin celular?

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