19 de septiembre – Día de la Independencia

La última vez que vine a este espacio a escribir, fue para escupir lo mucho que me molesta que celebren el 16 de septiembre como día de fiesta. Aclaré que me molesta que salgan a las plazas públicas a responder el grito de un politicucho de porquería para que las cámaras de las televisoras locales -parte adherida al sistema político de este país, demuestre cómo el pueblo sigue queriendo a sus líderes.

Luego, tembló. Tembló de verdad. Y como es 2017 y no 1985, hay Twitter, y Whatsapp y red 4G y en menos de 10 minutos todo mundo sabía qué se había caído, en dónde y en 20, qué se necesitaba y cómo estaban ayudando.

Y poquito a poco, el miedo se convirtió en fuerza. Y la fuerza en coraje. Y el coraje nos está obligando a seguir leyéndonos en Twitter y en Facebook y en Whatsapp y en blogs, y nos está enseñando a distinguir entre los “fake news” (que en una época eran sólo producidos por los medios tradicionales) y las noticias verificadas.

Todos tenemos iniciativas, ideas, propuestas para sacar adelante el país A PROPÓSITO del temblor. Porque claro, hay que reconstruir y darle casa y hogar a todos los que perdieron lo suyo, pero en el río revuelto, hay que sacar la basura que provocó tanta muerte, a los corruptos que dieron permisos para construir, a los políticos y empresarios que no les importa que la gente pierda su patrimonio, sus recuerdos o la vida.

Entonces, en hacerlo, cada quien anda que si donando ropa, que si juntando dinero para después, que si diseñando productos… yo hoy tejí cuadritos para hacer cobijas para los albergues. Me junté con las amigas de mi adorada Magos Nava en Café de Raíz, que duró una semana como centro de acopio y comedor comunitario a partir del temblor.

Tejimos por más de 5 horas. Llegaba la hora de despedirse. Uno de nosotros emprendió el camino. No terminábamos de malhablar de él (como se acostumbra cuando alguien deja la compañía grupal) cuando volvió con la ropa rota, el rostro blanco y el alma en un hilo: ¡Me acaban de asaltar!

Todas brincamos de la mesa a atenderlo. Lo abrazábamos, le dábamos pan, ¡no tomes agua!, respira, ¿te lastimaron?, ¿te quitaron algo?

Cinco minutos después de comprobar que no había sangre, comenzaron las risas. Las bromas. La “normalidad”. Y seguimos tejiendo.

Afuera siguen habiendo ladrones, violadores, golpeadores, traficantes, narcos, sobornadores, regenteadores, corruptos, vendidos. Afuera sigue habiendo podredumbre, destrucción, burocracia, lentitud. Pero en nuestros corazones y en nuestras calles, reina una anarquía amorosa que nos independizó del sistema, este nuevo 19 de septiembre.

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