Nada es lo mismo y todo sigue igual

¿Celebraste ayer? ¿Qué hiciste? Me preguntan y prefiero no contestar porque estoy entendiendo que lo que más me duele es que a nadie le importa.

Si les digo claramente que hace años que no celebro, porque creo que cada persona que sale a las calles a celebrar sirve para hacerle el caldo gordo a los políticos, me ven con cara de hueva. “Qué amargada eres. El país no se va a arreglar porque salgas un día a celebrar, porque además sí hay cosas chidas qué celebrar, no todos somos corruptos”.

Eso que repiten mis conocidos hasta provocarme náuseas sirvió de insight para la campaña: “Lo bueno también cuenta”, con la que Enrique Peña Nieto pretende justificar su pésima administración, su evidente corrupción disfrazada de glamour en portadas de revistas.

La primera información que vi el 14 de septiembre de 2017 fue este video de Huffspot México.

 

Debo aclarar que antes de poder ver el video de Huffspot se coló la publicidad que Miguel Mancera paga con nuestros impuestos. Se le ve corriendo en una caminadora, hablando del Maratón…

Se me revolvió el estómago. 1 de cada 3 corredores hicieron trampa. Corredores, deportistas pues. Esa gente que se llena la boca hablando de salud, de los beneficios de hacer deporte, que habla de la tecnología de los tennis y de cómo correr es una disciplina que te hace crecer por dentro y te confronta con tus demonios. Han escuchado esas frases de verdaderos deportistas y las repiten para meterse en estas carreras, colgarse una medalla y después irse de compras a Estados Unidos para “correr” en Boston. Y ahí sí no hacen trampa, porque ahí sí los sancionan. Ahí sí pesa cagarla.

Aquí no. Aquí a nadie le importa que robes. Es más, si robas, si consigues que te den algo regalado, que te pichen las chelas, eres un chingón. Jamás le aplaudimos al que paga sus cuentas a tiempo, al que hace las cosas derecho. “Son unos tetos. De todos modos le salen perdiendo. ¿Alguien los roba, para qué lo hacen?” Nos burlamos de quienes hacen las cosas bien, de quienes estudian, de quienes con todo derecho disfrutan porque les costó el doble, porque no le vieron la cara a nadie.

Después supe lo de Mara. Y me solté llorando. Una más. Siempre es una más. Y los consabidos discursos, y las últimas consecuencias, las promesas de utilizar todos los recursos para conseguir justicia. Los tuits y bots con comentarios machistas para que nos distraigamos de decir su nombre, Mara Fernanda Castilla, y la incluyamos en la estadística, para que sea “sólo” mujer y entonces no importe, porque es un número.

¿Qué celebran ustedes? ¿De verdad se tragan ese cuento de que hay mucho qué celebrar porque “somos más los buenos”? ¿No tienen tantita malicia como para darse cuenta que ese es otro slogan creado por un manejador político para aquietar el ruido que produce la corrupción de su jefe?

¿De verdad creen que la culpa es de Cabify? ¿De Uber? ¿De las minifaldas? ¿Del machismo como esa idea intangible de la que nadie se hace responsable?  ¿De la pobreza?  ¿De la corrupción? La culpa es de nosotros, de cada uno de nosotros. Si no hacemos todos los días algo por educar a alguien menos privilegiado que uno mismo, estamos ayudando a que siga sin haber qué celebrar.

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