La locura es muy orgánica, muy fluida, “muy mañana amanecemos de otro modo”

Ayer me dio un ataque de pánico. Tras comprobar que no traía la cartera y que ese olvido era la gota que derramaba el vaso de mi incapacidad/inutilidad de asistir a eventos públicos, la garganta se me cerró, empecé a perder el equilibrio, las manos se me entumecieron, empecé a respirar con dificultad. Finalmente, un par de lagrimitas se me salieron. Ese milagro acuoso proveniente de mis ojos sucedió porque estaba en un lugar seguro, con gente que me quiere y me cuida, y entonces estaba bien que se me notara que estaba mal. ¿Entienden el balance?

El ataque me duró unos 40 minutos, vaya que mi cuerpo no hiciera lo que yo le pedía, me duró unos 40 minutos. Y desde entonces hasta el día siguiente, estando en el Nacional de Psiquiatría, más de 24 horas después, cuando me dieron Clonazepam, pude dejar de sentir dolor en la garganta y tragar aire.

Pasa que aquí la seño, la Misses Joy, Doña Mota, la tía Angustias se ha vuelto tan buena para vivir aunque no le gusta, que contiene todo como en un tupper de esos que tienen cuatro aletas y empacan al vacío.

Mientras comenzaba el ataque de pánico, mientras estuve en la calle, no sólo me comporté y hablé y conversé al respecto y me dejé apapachar, no se me corrió el rímel, todas mis servilletas estaban dobladas y echas cuadritos perfectos. No hipaba, lloraba con discreción, con mesura.

Las horas que estuve en la calle con el ataque trabajando en lo suyo, fui cuidada por dos ángeles de la guarda envueltos en chocolate que me hicieron pasar mejor el momento y me mandaron a mi casa a la hora de las medicinas, así que llegué, me tomé los chochos y dormí. Pero desperté con el cuerpo contracturado, el cuello hecho una porquería, las manos torcidas, el sentimiento de culpa y enojo, las ganas de nunca en la vida volver a salir a la calle jamás.

En el transcurso del día alguien me hizo ver, que era indispensable que fuera al Nacional de Psiquiatría a que me revisaran. No quería ir, porque ando con los pesos contados, porque ir implica un gasto que no tengo planeado, implica volver a pedirle ayuda a mis amigos que no tienen ninguna obligación de estarme sacando de estas…

La persona en cuestión tiene el poder de ser convincente a la mala, es decir, con razones científicas. Pedí ayuda, pedí dinero y fui.

El Nacional de Psiquiatría es un hospital excelente. Los médicos que estudian y trabajan ahí tienen más vocación para la psiquiatría que una cuchara para llenarse de sopa. El servicio, por la alta demanda que tienen y por la cantidad de protocolos médicos que deben seguirse, es lento, así que estuvimos unas 3 horas esperando.

Llegué a casa drogada. Con una nueva receta, con nuevo tratamiento, con nuevo diagnóstico (vaya, uno extra a la lista).

Es muy duro ir… tienes que enfrentar tu enfermedad y dejar de creer que la tienes en control sólo porque eres paciente hace CATORCE años. Es cansado repetir qué te ha pasado no porque le des vueltas, si no porque cada una duele a madres.

Es jodido saber que tienes 40, que no sabes pedir ayuda de manera… fácil, que te duele pedirlo, que te avergüenza porque lo único que oyes es la voz de tu infancia: “Eres una niña caprichosa y consentida que hace todo para llamar la atención”.

Ayer, después de cenar con mis amigos dijimos: Cuando un día de la mierda termina con ramen, definitivamente es un gran día. Yo, agrego: Fue un mal día cuando estuvo de la mierda y estás mal acompañada. Fue un excelente día cuando estuvo de la mierda y estás bien acompañada.

Ayer y hoy no fueron fáciles. Seguro no lo serán los siguientes días. PERO, en una ventanita en el celular siempre aparece el texto de gente que se preocupa por mí, que quiere saber si ya llegué, si tengo para la medicina, si hay comida en mi casa, si necesito que vengan o que de plano no vengan.

Catorce años de psiquiatría han conseguido que pueda (aunque no quiera) pedir ayuda, que por fin tenga amigos, que a veces me quiebre, cuando tengo que aceptar que no puedo con todo.

Mañana comienza un camino nuevo en el diagnóstico. Es un poco como comenzar otra vez y otro poco como entrar al doctorado. Je… Por lo pronto, vamos a guardar el día de hoy para sacarle provecho.

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