De cuando mis pesadillas se hacen realidades colectivas

El mundo no se va a acabar, ya se acabó, es sólo que el capítulo es muy largo. 
Antes de que me diagnosticaran, antes de las medicinas, todos los días me despertaba pensando: “se va a inundar la ciudad, y yo no tengo cómo salvar a mis cuatro perros y vamos a estar todos nadando en la mierda y gente muerta y coches flotando”…

Así me pasaba horas, congelada en la cama. Si había suerte y me tenía que levantar, lloraba en la regadera y le seguía al día hasta que algo más, otro miedo pero más real, se apoderara de mí. 

Hoy se inundó la ciudad. Otra vez pero como debe suceder cada año, entre más talan árboles, entre más consumimos y más basura creamos, las inundaciones son peores. 

Alguien en mi timeline de Facebook publicó una serie de videos sobre un espacio de cowork que se inundó hasta la altura de las mesas. 

Chihuahua está tapizada en granizos del tamaño de limones. En Zacatecas hubo tormenta de arena. 
En menos de un mes, 450 árboles serán talados en Reforma para dar paso al Metrobús que, hará que cada viaje por corto o largo que sea, cueste más de 10 pesos, orillando a la clase más pobre de nuestra ciudad, a sacrificar más del 20% de sus ganancias en llegar al trabajo. 

Hoy, tan pronto supe que me pagarían una nota que escribí, mi computadora “tuvo un retortijón”, según el diagnóstico de mi nana Guadalupe; y desde mañana y probablemente por dos días no tengo computadora; estoy escribiendo esto en el celular, en la App de wordpress, comprobando lo que digo en mis clases: “Para un Content Creator es más importante el cel que la computadora… siempre y cuando sepas qué vas a decir”. Pero mi computadora no importa y desde que se fregó en la tarde dije que estaba extrañamente tranquila; ahora entiendo que no, simplemente estoy en shock. 

Al respecto del retortijón, tuve esta plática:

– ¿No has notado que siempre que la situación mejora algo pasa que te regresa al mismo lugar?

– No sólo lo he notado, he escrito cuentos al respecto. 

– Pues que si quieres hacer algo con eso…

– Esa … ¿pregunta? tiene que ser capciosa.

Hoy, a casi 10 años de ser diagnosticada y vivir con medicinas, ya no tengo psicosis apocalíptica, ya no me despierto pensando en que la ciudad se inundará; me despierto pensando en que tengo poco trabajo y por lo tanto poco dinero y que en realidad no vale la pena salir de la cama. Eso es normal, eso es depresión “sana” no psicótica, depare fundamentada en mi realidad… pero ahora, la ciudad se inunda. 

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