Raro

Se abrazaron. Dejaron que la nariz se perdiera en el cuello del otro. Se acababan de ver pero se sabían de tiempo atrás.

Se besaron. No conocían el cuerpo del otro, ni sus dimensiones, sus recovecos, pero los dedos tanteaban la carne con desesperación de encontrarse y con sorpresa de saberse bienvenidos. Se reconocieron mientras se vieron a los ojos.

– Es tan raro…

– ¿Raro bien o raro mal?

– ¿De cuando acá los adjetivos necesitan adjetivos?

Se durmieron. Dejaron que la noche consumiera el tiempo que tenían juntos. Se acababan de conocer pero sabían que habían llegado al final de todas las presentaciones.

 

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