Personaje y Ramera

¿Se han fijado que desde que hacemos dos palabras a la semana, de alguna manera se relacionan? Ese punto en donde una ramera puede ser todo un personaje, o un personaje en una obra, es una ramera.

Ya en el video verán lo que comentaron todos sobre las palabras, pero por lo pronto, les dejo un par de cosas que ya no digo en el video porque si no serían programas de 1 hora y qué flojerota.

Lo primero es que “ramera”, ahora descubro, es una palabra de uso castizo, de España pues. Y eso explica porqué mis diccionarios favoritos, que prefieren el español que hablamos los mexicanos, no la toman en cuenta. Sin embargo, el Diccionario de la Real Academia Española, sí la contempla, y dice:

Screen Shot 2016-08-19 at 4.17.24 PM

Así que, Dulcinea era una ramera; pero las de la esquina en Sullivan, son putas. Y yo insisto en que son palabras coloquiales para referirse a las mujeres que trabajan vendiendo sexo, pero que la calidad de insulto la pone la intención. Ahora, que la mayor parte de la gente no use las palabras con la intención adecuada a sus emociones, es otra cosa. Porque miren, yo siempre que digo putamadre, difícilmente me refiero a la que me parió o a la que considero de verdad mi madre; y mucho menos me refiero a que sus actividades involucren intercambiar sexo por dinero. Yo digo “putamadre” cuando me frustro. Y pues afortunadamente ya no vivo frustrada ni por culpa de mi madre, ni del sexo… por culpa del dinero a veces, pero no tiene que ver ni con mi madre, ni con el sexo. ¿Me siguen?

La intención y el contexto hacen, construyen el significado de la palabra. La palabra es sólo el código que le da contexto a una oración. Acordamos que si decimos: “personaje” todo mundo entiende una entidad de determinadas características. A mi mente llegó de golpe Whorton, el elefante de Whorton The Who, cuento de Dr. Seuss. Es todo un personaje, y además de serlo dentro de su historia, lo es dentro de la Historia de la Literatura Infantil. Y pues ya nomás es cosa de que quienes estamos hablando de ello, nos pongamos de acuerdo sobre qué tipo de “personaje” hablamos.

Es un poco como el “pie” y el “pie” en Instrucciones para subir una escalera, de Julio Cortazar (texto inolvidable que va conmigo a todas mis clases), que ven en la imagen de este texto.

Ahora, claro está, que si ya nos hemos puesto de acuerdo todos en que “ramera” vive dentro del “condominio” de las groserías, de las palabras insultantes (hablando de las palabras que terminan en “antes”, perdón por haberme inventado la palabra “halagante”, se me chispoteó el halago); si ya decidimos todos que ramera, suripanta, bochinchera, baracunata, puta, son palabras que al dirigirlas a una mujer resultarán en una ofensa, tengan madre, y úsenlas con prudencia. Ciertamente no hay por qué presentar a todos los políticos como rateros, por lo menos no, hasta que no nos pongamos de acuerdo en que “político” sea usado como insulto.

Les dejo el video, y los leo, nos leemos, la semana que viene.

 

 

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