¿Cómo le hiciste para sobrevivir?

¿Qué tan apegados o conscientes viven de sus “instintos animales”? No, no hablo (solamente) de eso que sienten cuando ven a alguien que les gusta, hablo del mero instinto de supervivencia, de saberse colocado en una posición dentro de la escala de seres que sobrevivirían al Apocalipsis zombie.

Mientras escribo eso, uno de mis gatos me observa atento. Anakin se ganó su nombre porque llegó a esta casa con la mitad del cuerpo chamuscado. Mi amiga Erika lo rescató y rehabilitó tras la explosión de una pipa de gas, en Xalostoc.

¿Ustedes se han quemado? Ya saben, se les pasa la mano de viva y se les queda tantito pegada en el comal de las tortillas o en la plancha del pelo. O se han derrapado en la bici o en la moto y su piel queda adherida al pavimento. O prenden el boiler y explota. O tienen 5 años y, como ya son adultos responsables que se saben hacer su huevo duro en las mañanas, ponen el agua a hervir en la estufa de la casa nueva, que está más alta y las hornillas más anchas y de repente, el pocillo se voltea con el agua burbujeante de calor y se cae sobre su muslo izquierdo, cociendo la piel desde la base de la cadera izquierda hasta el tobillo.

Esa clase de cosas.

Sobrevivir es un acto de experiencia. Aprendemos de lo que nos pasa ya sea para que no nos vuelva a suceder, o para que cuando suceda, sepamos qué hacer o al menos el callo adquirido haga menos dolorosa la nueva herida.

Yo he sobrevivido aprendiendo. Mi método para sortear los baches, caídas estrepitosas, cortadas leves, quemadas de tercer grado con hueso expuesto, divorcios, guisados nuevos que se quedan como recuerdo chamuscado en el sartén, rescates animales, y nuevas conquistas, mi método es aprender. A cada nueva palabra a cada nueva situación, le corresponde análisis silencioso, introspectivo, donde escribo dibujando palabras dentro de mis ojos cuando los cierro; o en los sueños, donde escribo en una tina, con la máquina de escribir sobre una tabla.

Mi padre fue diagnosticado con cáncer vesicular con metástasis en hígado y creo, que en menos de 15 días, ya sabía tanto como el oncólogo sobre el caso del señor Mota. Tengo una compulsión cuasi enfermiza por saberlo todo. Me da seguridad, me hace sentirme menos perdida, menos volátil en la tormenta.

Ayer (re)aprendí que no se puede andar por la vida olvidando que somos animales, que nos regula el instinto básico de sabernos capaces de depredar o de ser depredados. Y que en la medida en la que aceptamos esa condición, podemos movernos, según sea el caso, para sobrevivir o para perecer.

Dicen que no es sano escoger ser depredado… pero bueno, hace mucho ya se había establecido que yo, de sana, tengo poco.

 

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