El derecho a ser anormal

No salir, no convivir. Quedarse en casa. Despertarse tarde. Pasar el día en pijama. Ver la tele. Trabajar. Tener juntas con los clientes via Skype. Hablar con mis amigos por teléfono, por FaceTime. Esa es mi vida ahora que ya no voy a la agencia. Y soy muy feliz. Estoy tranquila.
Una vez a la semana vienen mis amigas a tejer. Y aunque tejemos, la verdad nos la pasamos echando chal. Que básicamente es lo que se hace cuando la gente se reúne a tejer, y también, la razón… la costumbre que le da nombre a este blog.

También, una vez a la semana viene mi mejor amigo a comer. Vemos la tele, peleamos como si hubiéramos nacido hermanos y lleváramos toda la vida haciéndolo. Se va en la tarde y me avisa cuando llega a su casa.

Ahora los jueves doy clase de Social Media a dos músicos y un relacionista público. Eso sucede en un restaurante cercano, porque dar clase en medio de mis gatos es imposible.

Esta cantidad de interacción es la que necesito y la que puedo controlar. Más que esto… es absolutamente doloroso. Verán, esta semana tomé 3 veces paracetamol, y no conseguí levantarme de la cama a la primera. Hoy me confesé a una de mis testigos de vida (esa clase de gente que no necesita preguntarte cómo estás, porque lo sabe): “Estas son las horas en las que salí de la cama. A penas ahora pude. Me levanté antes a darle de comer a los animales pero no he querido limpiar y me siento fatal”. Me recordó que me la he pasado saliendo, que los últimos días he estado en la calle, yendo a compromisos laborales y a visitar amigos, que es normal que esté agotada.

Carajo, sí. Es normal. Tengo mucho tiempo sintiéndome bien. No recayendo en depresión mayor. La última vez fue en mayo, cuando me sentí en un ambiente hostil.

A veces, pasa que quienes tenemos algún síndrome o diagnóstico anímico-psiquiátrico olvidamos que lo tenemos si conseguimos sentirnos bien durante una temporada. Por fortuna, a mí nunca me ha dado por dejar de tomar mis medicinas (hay muchos a los que les da y toda clase de demonios se desatan); a mí sólo me da por intentar ser “normal”.

Se supone que a mis 38, sana físicamente, anímicamente, capaz de mantener una vida funcional y teniendo los medios para hacerlo, salga a la calle, visite restaurantes, salga con mis amigos, me intriguen los lugares de moda y vaya al cine.

Eso debe ser normal para mucha gente. Para mí no. Salir es un esfuerzo complejo, cansado, agotador. Y eso es lo que tengo hoy… agotamiento.

En la última semana conocí (aunque fuera sólo en un saludo rápido) a más de 30 personas, interactué con ellas y como corresponde a alguien con enoclofobia y border line personality, me desbordé para sentirme cómoda, para que los demás no se dieran cuenta que no me sentía bien.

Y qué bárbaro, es como hacer abdominales con cada neurona.

No quiero salir de mi casa en unos 15 días, ¿y saben qué? Es absolutamente sano y “normal”.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Monk dice:

    crear un mundo e inclosionar en el un mundo q vale y se expresa por si solo

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  2. Acqualu dice:

    eres de pelos Dump… Yo creo que no eres anormal si no de “normalidad flexible”. Simplemente eres mas honesta que mucha gente que no se atreve a admitir su anormalidad.

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