Esto es mover a México

María como cualquier otra
Perder el miedo de moverme
Soy María. Como millones. Y también como millones, soy mujer, soy presa de la violencia, soy mexicana, soy chilanga. Como miles, soy hija de periodista, de empresario, soy niña privilegiada con educación privada, hablo tres idiomas, estudié mucho y lo que quise. Como cientos, padezco depresión crónica y varias fobias consecuencia de ello; la más grave, a las multitudes.
Ayer, como desde que los mexicanos nos pusimos de acuerdo, salí a marchar. Organicé un contingente pequeño lleno de amigos cercanos. Decidimos unirnos a uno mayor, el de RED43. Marchamos cuidándonos de lo que sabíamos vendría: la violencia de los granaderos, de los encapuchados, de los que marchan en grupos de 3 y viéndonos con desesperación.
Recorrí las calles gritando por los 43, por la violencia contra las mujeres, cantando a ritmo de un tambor y bailando por las calles. Repartí velas para que la luz nos acompañara, chocolates para que ni el frío ni la tristeza nos hiciera dudar. Ayer, mis miedos clínicos y mis miedos sociales estuvieron a prueba, como siempre, como cada vez que decido no salir de mi casa porque sé que vivo en un país donde la corrupción crece igual de rápido y fuerte que un maguey.
Pero creo en mi país, creo en las millones de Marías, en los millones de mexicanos, en los extraños que ayer fueron conocidos, en quienes queremos quejarnos y hacer algo más no sólo el 20 de noviembre, si no siempre. Y que esto no se limite a lo indispensable: no robar, no pasarte un alto, no tirar basura; extender la ética, extender el buen juicio más y más.
Salí a marchar llena de la energía frustrada de mis amigos que estaban en sus oficinas defendiendo en su frente a la economía de nuestro país. Llena de mis amigos que todavía tienen miedo (justificadísimo) a los enfrentamientos, a las detenciones arbitrarias; llena de la sonrisa de mi nana Guadalupe, una mujer que a los 14 años fue vendida en Oaxaca y 35 años después me adoptó como su familia.
Llena de esperanza porque sé, que el mismo esfuerzo que ayer fue marchar del Angel al Zócalo, a veces con música y a veces con miedo, es el esfuerzo que puedo invertir en juntarme con gente como J. S. Zolliker para crear documentos que obliguen a mis funcionarios públicos a hacer su trabajo; invertir en esfuerzo como el de RED43 para organizarme y salir a las calles a protestar cívica, pacíficamente; invertir mi esfuerzo en quienes están hoy detenidos, desaparecidos, muertos, pero tienen mi voz para seguir moviendo a México.
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A partir de hoy, y todos los viernes, podrán encontrar en este espacio mi visión particular sobre cómo mejorar al país, a nuestro entorno. Yo sé escribir, y lo disfruto. Creo que esas dos acciones son mis armas para salir de la cama todos los días y hacer algo por mí, por mi gente, por mi país. Escribiré lo que veo, lo que siento, en espera de que más se conecten a esta emoción de hacer algo todos los días por México.

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