Instrucciones para disfrutar un concierto masivo Parte 2

 


NOTA: Es indispensable que lea usted las Instrucciones para disfrutar un concierto masivo Parte 1. Vaya, aquí lo espero…  ¿Ya? Bueno, voy por un café y vuelvo. Me avisa.  ¿Listo? ¡Perfecto!


1.-  Ayer, viendo a Dave, a quien siempre imagino en ese momento que nunca he visto cuando decidió dejar de sentirse mal, de castigarse, de estar de duelo por su amigo y tomó fuerza de eso, me acordé de lo mucho que he trabajado estos años para poder ser funcional.

Así que, escoja bien a la banda, muy bien. No sólo a la que tocará en el escenario, si no a la que lo acompañará tanto juntito en el concierto como perdidos en la multitud. El esfuerzo de romper la barrera de un miedo es fructífero cuando se planea y se escoge con cuidado el instrumento terapéutico. Foo Fighters + mis recuerdos + mi sobrino + mis amigos perdidos en la multitud pero pendientes de mí. Eso fue suficiente para que valiera la pena.

2.- La emoción de ver a una banda que a mí (y por favor, amigos críticos musicales que me leen, no me muevan el banquito) me hace sentir conectada a la mejor etapa de los Beatles y a mis mejores recuerdos de Nirvana (Y también me hace pensar en ese momento en que Nirvana hizo el Unplugged y lo vi con el novio de la adolescencia y hubo un momento en que le dije: ese tipo se va a meter una pistola en la boca, pronto.) evitó que durmiera bien.

A veces, a la gente que padecemos trastornos de personalidad, los ciclos de sueño nos traicionan. Verán, dormir correctamente es lo que mejor nos hace a aquellos que hemos sido diagnósticados con Border Line Personality o Trastorno de la Personalidad Limítrofe. Si estamos descansados, dormimos suficiente, ni más ni menos, nuestra mente consigue de manera más sencilla estar en un estado capaz de tomar decisiones no abruptas, no impulsivas. No más que a veces se nos va la onda. Como me pasó a mí ayer.

El viernes desperté a las 3 am. Y no pude volver a conciliar el sueño. En vez de angustiarme por no hacerlo, de sentir miedo porque estaría molida para el concierto, o pensar que, al tomarme mis medicinas caería desmayada a la mitad de la General B del Foro Sol, me desperté y seguí mi rutina tanto como pude: leí, jugué con Tatooine (el único de mis gatos que duerme conmigo porque es un poquito codependiente dada su ceguera de nacimiento); revisé 9gag hasta que me doblé de risa, hice mis 7 minutos de ejercicio, me tomé mi cucharada de aceite de omega 3, desayuné, me bañé, me vestí y cuando vi que estaba aburrido eso de seguir como si nada, me fui a la oficina.

Cuando el sueño me dobló, y eso sucedió a eso de las 5pm, me regresé a mi casa, comí y dormí. Esperé a mi sobrino y nos fuimos al Foro Sol.

3.- Yo he estado en ese espacio por razones completamente distintas. Ayer, track de pits era parte de los pasillos de entrada al foro y yo lo pisaba pensando en la última vez que manejé sobre esa pista y cómo me sentía, y de quién estaba rodeada, y cómo todas esas emociones transforman todas las noches, con cada evento, un tarmac que para unos es sagrado por la tecnología, y para otros por la unión que provoca la música.

Abrumada como estaba por la suma de recuerdos, por lidiar con la cantidad de gente, por escuchar al presentador gritar que ya faltaba poco, me concentré en olvidar y en correr, actividad harto difícil cuando vas acompañada de veinteañeros que no traen puestas sus botas de matar. “Aquí está bien”, dijo Banano, mi sobrino cuando encontró un claro entre la gente dónde acomodarnos. “¡CERVEZAS!” gritó y un señor atribulado y cargando litros de alcohol se acercó y les entregó vasos negros con el logo de los Foo. “Mira, ya tienes vasotes para la casa”, dijo Banano.

A mi alrededor había grupos de gente, concentrada en no perderse. Muchos hombres y mujeres con camisetas de la banda bailando y abrazándose. Y de vez en cuando, había alguien solo, sonriendo como si estuviera en la playa, viendo a lo lejos a los Foo nadar y hacer payasadas. “Hay gente rara como yo aquí”, le dije a mi sobrino. “Empezando por nosotros”, contestó él.

¿Cuántas veces les han dicho: “disfruta el momento”, “vive el presente”? ¿Cuántas veces lo han intentado sin poder lograrlo y sólo se frustran más? A mí me molesta que me digan esas cosas porque es como si no vieran que cada que intento estar en el momento, estoy lidiando con mi historia, con mis recuerdos, con lo que el ambiente y el lugar trae a mi memoria y a mi espacio. Me dan ganas de gritarle a los demás: ¿Qué no ven que estoy atrapada en esta maleza de emociones y no puedo?

Cada que no podía me agarraba de la chamarra de mi sobrino. Y él levantaba la pompa (o donde deben estar sus pompas porque no tiene) para que pudiera agarrar el borde de la chamarra. Era como reafirmar: estás aquí, estamos aquí, todo lo que sientes también, pero todos estamos cantando I have another confession to make…

Así que cuando sientan que se abruman, agárrense del pasamanos, de la orilla de la chamarra, de la mirada de ese otro rarito que además se atrevió a ir solo, porque hay tanto en su vida que a penas si puede salir con él mismo. Todos somos raros. Todos estamos enfermos y no somos el tonto de nadie.

4.- Si siente que quiere bailar, cantar, gritar, llorar… hágalo. Mi mayor miedo siempre ha sido que esas cosas que me asustan me gusten tanto que me pierda en ellas. Eso me pasa con la comida, con la cama (tanto para dormir como para perderme en la piel de otro). Y por eso nunca probé drogas, porque me asustaba quedarme ahí.

Es verdad que después de ayer, me dan ganas locas de ir a conciertos todos los fines de semana… la cosa es que quiero ir a un concierto como el de ayer. Y ese concierto tiene demasiados ingredientes especiales como para que se repita la fórmula fácilmente. Y claro que me da miedo que me vaya a hacer adicta a los conciertos y viva para rockear…. (soy la vergüenza de Dave), pero no va a pasar, no va a pasar porque estos 5 años de psiquiatra, de terapia cognitivo conductual, de hacerme responsable todos los días de mí misma hacen que pueda distinguir entre un momento épico y la fantasía de que puede repetirse con la mano en la cintura.

Ayer bailé, canté, grité, aventé no una si no dos tapas de cerveza (de las de mi sobrino, obvio), platiqué con los mejores papás del mundo que llevaron a su hijo y rockearon con él porque tienen una banda que hace tributo a Led Zepellin y el chavito es el baterista. Y no, no me hice amiga ínnnntima de nadie, ni volví con teléfonos, ni di espectáculo, ni me puse mal cuando unos tipos se empezaron a encuerar atrás de mí. Todo bien, todo dentro de los límites.

Se puede. Cuesta un chingo. Mucho más de lo que uno está dispuesto, pero se puede.

5.- Dave dijo que si cantábamos con él y aguantábamos las 2 horas y media de concierto volverían a grabar un disco y volverían a venir.

Esta vez no le prometo ir a verlo. Esta vez le prometo que, cuando venga otra banda que me haga sentir lo que este concierto me hizo sentir ayer, iré a verlos.

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