Dejarse llevar

Toda la vida me han recomendado que me deje llevar, que me suelte. Nunca he comprendido bien a bien la frase. Me parece una orden para estar relajado. Es un oximoron que mata el zen.

Recientemente he sido felizmente acusada de dejarme llevar por el amor, dice esta acusadora a quien de ahora en adelante llamaremos Mi Brújula, que mi forma de amar le ha permitido dejarse llevar. Y que cada vez que siente que tiene que huir de algo que la hace feliz piensa en cómo me aviento yo a la vida, sin miedo a salir lastimada.

Hoy también alguien a quien de ahora en adelante llamaremos Domingo, me ha acusado de haber sido muy lastimada en el pasado. Y sí, hartamente. Ese currículum tiene harto puesto laboral. El tema es que no me importa haber sido lastimada, o salir lastimada por haberme quitado el freno de mano. Creo que ni tenía, vaya, no me pusieron uno de fábrica.

Partirse la madre, curtirse, ir a dar contra el piso es de esas cosas que tenemos seguras en la vida. Y entre más intentamos evitarlas, más duelen y menos se aprende. Aprender de los trancazos es una opción que podemos ignorar por andar autocompadeciéndonos.

En mi último aterrizaje forzoso, el tren, cabina de cargo y tripulación salieron severamente lastimadas *. Y este casi choque con pérdida total me recordó mucho a cómo me fue hace 10 años, 12, cuando mi papá murió. Ah… cómo extraño al señor Mota. Y cómo querría que me viera ahora, que me dijera qué piensa, lo orgulloso que está de quién soy hoy.

En noviembre de este año cumpliré 5 años de tomar medicinas. De haberme comprometido a dejarme llevar por los años de experiencia de varios psiquiatras, de décadas de investigación en la medicina halópata y sin freno alguno, dejar que tanta ciencia acomodara en su lugar a Misses Joy. Y en abril del año pasado, cuando todo empezó a irse al carajo en mi vida, Misses Joy dio, lo que espero, sean sus últimas patadas. Quería vencerme, porque me conoce tan bien, y sabe que podemos sobrevivir a punta de nada, en el ostracismo, en el aislamiento donde somos amantes destructivas.

Salió perdiendo.

Un equipo enorme de pastillas, de amigos, de humildad al reconocerme débil y pedir ayuda, pero sobre todo de lucha de poderes, terminó por doblegarla y ahora, si quiere, Misses Joy puede ser mi cómplice, pero jamás gobernarme.

He llenado mi distimia de horarios y rutinas. He obligado a mi cuerpo a despertarse temprano y a ejercer un trabajo rutinario pero lleno de retos, donde mi necesidad de servir a otros es de verdad útil e incapaz de ejercer manipulación en el otro.

Llené mi casa de gatos, vivimos 7 gatos y dos perros ahora en esta casa. Y jamás había estado tan limpia ni yo tan al pendiente de sus necesidades, tan eficiente en el cuidado de todos estos seres que me necesitan para comer, pero para nada más.

No estoy curada de distima. No sé si se pueda eso. No me importa. Sé que la felicidad dura momentos, y que, como dice mi jefa Bombona: la felicidad está en el proceso, en disfrutar el caos.

Por hoy, soy feliz. Y es todo lo que importa.

*Acabo de conseguir una chamba nueva donde soy azafata digital y ya me sé el alfabeto aeronáutico y me estoy aprendiendo los códigos de vuelo. Y todo mi mundo está lleno de palabrejas así. Me zambullo, ¿ven? Nunca hacer nada a medias.

Un comentario Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s