Sólo quiero verte sonreír

La vida sigue dando sus tumbos. Dicen que las malas rachas no terminan, que la vida es así siempre, que lo único que cambia es que a veces nos fijamos más en lo malo que nos sucede. Puede ser… he de cambiar de lentes.

Cambiándolos me sucedió encontrarme un sábado en casa, con un fotógrafo y su asistente. Rodeada de lámparas. Con uno de mis suéteres favoritos. Shaak Ti (mi gata siamesa que solía ser gato y llamarse Kenobi) se metía a cuadro. “Regálame esa misma pose pero viendo hacia abajo”.

Doce años antes me habían hecho una sesión de fotos. En aquella ocasión era un capricho de escuincla recién separada que quería quedarse con lo mejor de aquel matrimonio que terminaba. Esta vez estaba tratando de dejar recuerdo de estos meses malditos, llenos de cambios, donde por fin estoy enterrando muertos que siempre rondaron mi vida.

“Quiero verme bonita, no sexy, no atractiva, bonita. Y si no me sale, quiero conciliarme que sólo puedo ser atractiva, que para mí siempre ha sido algo producido, no nato”. Le dije a Miguel Angel Padrón, el fotógrafo que comenzó hace unos meses con el proyecto “Sólo quiero verte sonreír”. La idea original era hacer fotos buscando renovar la estética pin up con las chavas de ahora, las que quieren ser Suicide Girls pero no se animan, las que se toman fotos en el baño pero le sacan a tomarse fotos profesionales.

En el transcurso de las sesiones descubrió lo que muchos hemos ido entendiendo: es rarísimo el ser humano que está a gusto con su propio cuerpo. “No quiero que se me vea la panza, ni el gordo de la espalda, ni las ojeras…” Miguel Angel escuchaba a muchas mujeres que posaron para él decir esas cosas cuando él sólo podía ver lo hermosas que eran.

Yo sólo quiero verte sonreír, que en las fotos descubras lo que yo veo, lo que vemos todos, decía.

¿Qué no ven ustedes de su propio cuerpo? ¿Qué traición le están haciendo a su imagen?

Yo me olvidé de mi cuerpo 12 años, y no me reconocí a primeras en las fotos que Miguel Angel me hizo. “¿Quién es esa señora?” Pensé inmediatamente y por cuestiones de tiempo dejé de ver las fotos y me fui a atender mis compromisos.

Más tarde tuve chance de sentarme a ver las fotos con calma. Veía cada una y reconocía los detalles, mis arrugas, mis huecos en la piel, mis cicatrices. Esas cosas que siempre les digo a mis amigos y conocidos: “no sabes cómo me encanta estarme haciendo vieja, me encantaría tener patas de gallo, que me salieran canas”. Nadie me cree nunca, pero a mí me hace mucha ilusión.

Entonces, ¿que era lo que aseñoraba a esa que salía en las fotos? Era demasiado complejo para entenderlo de golpe. Así como mi tatuaje de la muñeca, Milefante, intenta representar que soy fuerte como un paquidermo, pero frágil como las alas que lleva por orejas, esa señora es fuerte, ha aguantado todo, más de lo que le tocaba tal vez. Y ya dejó de ser la niña que se siente… sintió, sabrá, neglecteada (perdón por el palabro), desatendida en lo más básico y sobre saturada en lo más sofisticado.

Lentamente me atrevo a ser atractiva sin violentar a esa niña. A ser segura de mi misma, sin que esa niña crea que me he olvidado de lo mucho que le hizo falta el cariño que la hiciera sentir bonita, delicada, cuidada como un cristal delicadísimo.

“No se puede ver la inocencia en mí, porque me la quitaron muy chavita”, le dije a Miguel Angel. Y entonces compartí la foto que publico ahora en este espacio. Y empezaron a llover los “hermosa, bonita, transmites mucha paz”. Y mi niña interior se fue sintiendo cada vez más amada.

No. A mi niña interior no le darán jamás el amor que debió tener antes. Pero ahora tiene el mío. Asegurado de por vida. Y por fortuna, tiene el de muchos otros más cómplices que ven en esta señora, señorón que soy, a la bonita que vive en mí.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. No cabe duda, que se puede ser compañeras de la misma historia… con distintas protagonistas. A mí me encantaron tus fotos, y es cierto, luces en paz, hermosa y sabia. Combinación ideal. Te mando un abrazo, y gracias por compartir.

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  2. Nada se inventa bajo el sol, no más que todo se ilumina diferente. Todas compartimos estas historias… Me siento acompañada al saber que tú también andas por ahí. Muchas gracias por leer, por los elogios y por el abrazo.

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  3. ¡Qué emocionante! Me encantó en el estudio, te ves muy pero muy bonita bonita.

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  4. Muchas gracias darling bella.

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