Mis senos no son un objeto de tu placer, si no del mío, del nuestro.

En unos días más posaré para un proyecto fotográfico. “Sólo quiero verte sonreír”, es la apuesta de Miguel Angel Padrón, quien movido por sus propias experiencias, busca que las mujeres aceptemos nuestro cuerpo más allá de las convenciones impuestas, y de las expectativas que otros (particular o masivamente) nos han pedido cumplir.

Me entusiasma mucho volver a posar luego de 10 años de mi última sesión desnuda. Aquello fue un regalo que le pedí a mi Ex-ex al momento de separarnos. Héctor Guzmán hace retrato, paisaje, foto de producto, desnudo y durante poco más de dos años lo vi hacer fotografía y adorar al cuerpo femenino, pero por razones demasiado complejas en nuestra relación no me sentí cómoda bajo su lente hasta el momento de sabernos separados.

De esas fotos, expuestas en algunos momentos en este blog, me dicen que no soy yo, que es alguien más, que tal vez es una hermana. Y de mi desnudo, muy tímido por cierto, también me dicen no reconocerme.

Ahora toca el momento de encontrarme en esas fotos, de entender quién soy.

Mientras estoy preparando a mi mente para ese momento, la señora Lizzet Loyola puso en mi camino el siguiente documental: Killing us softly. (Dura 34 minutos de gloria, tómenselos).

ACTUALIZACIÓN: el link al queme refería, ya no existe. 😠Les dejo este otro que tiene una conferencia de Jean Kilbourne

En mi más reciente relación me sentí amenazada desde el inicio por una consola de videojuegos. Incluso terminé llamándole “La otra”, “Mi socia”. Y me hice de argumentos para explicar(me) que sin su presencia en nuestra vida matrimonial, ésta sería imposible.

Mi cuerpo, aunque como el de todas las mujeres del mundo, es imperfecto, tiene a mis ojos el peor de los defectos: No tiene botones, no tiene series de presión que permitan crear una patada perfecta con efecto especial para matar a karatazos a un contrincante digital. No tiene pausa. No se descompone y enciende un botón rojo que significa invariablemente debe ser reeemplazado.

No tengo cómo competir con un Xbox, y no me atrae lo que ofrece. Hoy en mi Twitter discutí el tema con varias mujeres, tanto gamers como no gamers. Una de ellas sugirió convertirse en gamer para que nuestras parejas descubran que ellos también tienen competencia, o incluso ver películas de Nacho Vidal para que haya punto de comparación.

Mi acercamiento al problema es otro: si es necesario pedir que te pongan atención, entonces no vale la pena esa compañía.

Pero entonces qué toca hacer, ¿irse de la relación? Claro, pero también toca reeducarse. Toca revalorarse, dejar de perseguir los estándares del ser femenino como nos son exigidos y descubrir qué mujeres somos. Ojo, no por eso vamos a andar por la vida sin satisfacer nuestra propia vanidad o nuestras propias necesidades sexuales, simplemente, dejemos de ser objeto del deseo de alguien más, seamos el propio.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. que artículos, tan interesantes, éxitos.

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