Estoy tan contenta que lloro.

¿Tienen idea de cómo llegaron a ser quienes son hoy? Mi terapeuta me preguntó eso el fin: ¿Cómo llegaste a ser la mujer que eres?

Creo que para contestarlo tuve que hacer una lista de lo que creo que soy. Y entre las cosas que compete a este post, soy cursi, soy vulnerable, soy sensible, soy amorosa.

Todos los días camino de Lomas de Chapultepec al Auditorio. La bandera de Campo Marte se asoma entre los árboles y a veces no sólo se asoma, se ondea como si su única tarea en la vida fuera sublimarme, sulibeyarme como los perjúmenes mujer.

Las banderas son en mi vida una cosa muy importante. Mi padre fue soldado raso, chófer de un general. Sus tareas eran rutinarias y simples. A las 3 de la tarde, soltaba el fusil que lo acompañaba en la guardia en Palacio Nacional y corría a la Escuela de Periodismo Carlos Septien. Yo me imagino a Fernando Mota de 20 años echo una bala para llegar a clase, odiaba la impuntualidad. Su primer carnet como periodista todavía tiene su nombre original: Fernando de la Motta, y trae puesto su uniforme de soldado raso.

Mi papá fue escritor de horóscopos, reportero de moda, viajó en las giras presidenciales y luego, con un montón de trabajo, se hizo de su propia agencia, su propio periódico y de un nombre como columnista político y de negocios. Era guadalupano, catoliquísimo, mujeriego y bebedor.

Y odiaba el fútbol. Mi hermano puede atestiguar sobre el tema. Por lo tanto, en mi casa se discutían temas de otra índole, se hablaba de la gran negociación de tal empresario por encima de tal otro, de los triunfos financieros, del mal manejo de Pemex.. así aprendí a hacerme de un sentido de lo que es patriótico.

La bandera, siempre me enchina la piel. Pienso en mi papá corriendo, en Lorenzo Zambrano y sus Ferraris y su colección de obras de arte, en los alumnos de mi padre que tenían menos de un salario mínimo para vivir y se mataban estudiando, a veces en mi casa. En mi nana, la señora Berta que decía: no entiendo cómo es que aquí mis hijos no consiguen trabajo y allá (En EUA) viven mejor que yo haciendo lo mismo.

Pienso en mi familia que vive en EUA y son gringos, y los que son a medias, y los que no dejan de ser mexicanos. Y como cuando algo que sucede a nivel internacional: como un fraude electoral, como la matanza de indígenas, como la muerte de un escritor o una cantora nos conmueve no sólo a los mexicanos dentro del país y a los que viven afuera, si no a todo aquel ser humano que ni se fijó si son o no mexicanos pero les conmovió su trabajo.

Mi amigo el Kata, que no sólo vive para el fútbol si no que muere y renace con cada partido, a veces hasta permite que se le llenen los ojos de lágrimas por un gol. Es más, se despide siempre escribiendo: Abrazo de gol. ¿Tienen la más recochina idea de lo que sus abrazos provocan? En un abrazo El Kata entrega todo lo que más ama, lo que más le mueve.

El Kata también vive obseso con la ortografía, con la perfección en el copywright . Y a mí a veces me dan ganas de matarlo porque no entiende que tiene derecho a equivocarse. A no meter el gol, a fallar el penal.

Mi amigo el Kata es generoso, se preocupa por los demás, por mí y por su familia. Es un tío consciente de lo que pasa en el país y hace SU parte pagando impuestos, no robando, trabajando, estudiando. Y adivinen qué: no he sabido nada de él desde el sábado. Y no hay cosa que me haga más feliz. Debe seguir borracho de felicidad.

Y esa felicidad hará que hoy que TIENE que chambear, se preocupe menos por esos errores que como todo ser humano, comete, que piense que si Brasil la regó, él con harto derecho también puede. Y eso lo hará mejor profesional, mejor escritor, mejor mexicano.

Si usted mi querido lector, cree que el fútbol es una cortina de humo, un distractor para los atracos empresariales que se hacen en este país, para la violencia del narco, para olvidar (como si se pudiera) que nos presidirá un pendejo… le aviso que la cortina de humo la tiene usté, en sus ojos, desde que nació. Porque usté no ha sabido encontrar en su propia historia, eso que lo haga sentir emocionado por ser mexicano y ocupar ese real y verdadero gasolinazo en impulsarse cuando se necesita más valor que nunca.

Gracias a los muchachos que jugaron disfrutando de lo que aman y que nos dieron, como nos da Checo Pérez, Chavela Vargas, los tarahumaras que pelean y no se esperan a que los hipsters vayan a rescatarlos. Gracias. Por ustedes ondea mi bandera.

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