Tres cosas en las que tengo fe.

En el shampoo. Reprobé química en la escuela en parte, porque por más que me digan que eso que se veía en el microscopio eran los glóbulos rojos, no lo entendía. Lo creí.

En las matemáticas, la estadística. Sé que dos más dos son 4, y me han explicado porqué el 1 es 1 y aunque tengo mis dudas, lo creo.

El amor. Que es una forma, a mi parecer, de decirle a Dios, Budha, Mahoma, The Force, el Maradonismo, el Protestantismo… o cualquier cosa que te haga sentir conectado con el mundo.

Toda esta semana he estado conflictuada entre creerle al IFE o no creerle. “¿Cuáles son tus argumentos para no hacerlo?” Me preguntó un escuincle baboso que tiene 45 puntos de IQ más que yo y que a la edad que tiene ha escrito y publicado más cosas que yo a su edad y no precisamente literatura.

Pensando mi respuesta entendí: hace seis años, privada de la tecnología que hoy tenemos, confié en lo que decían los periódicos, el radio, la tele. No tenía cuenta de Twitter ni de Facebook. Sólo estaba mi blog. Mi nostalgia por mi padre panista que me presentó a Maquío y me enseñó que la derecha no es forzosamente mojigata, intolerante y prohibitiva.

Pero había gente que decía que les robaron las boletas, que a punta de pistola les quitaron las casillas, que hubo carrusel, que el PREP estaba comprado. Que ya se había decidido en las altas cúpulas que no ganaría AMLO, que el PRI había cedido desde antes del inicio de la contienda postulando a un candidato sin futuro para que el PAN siguiera gobernando.

Yo no voté por AMLO entonces, tenía, tengo muy fresco a Chávez y los ojos de AMLO me dan miedo. Y en términos políticos, sé que en este país el que está en la silla decide más de lo que debe, y obedece a muy pocos, pero no es tan manipulable como siempre lo han hecho ver.

Ahora voté por AMLO, crucé su nombre y recé: “No te conviertas en Chávez cabrón. Si lo haces, seré la primera en escupirte aunque me cueste la vida”. Después repartí mis votos en las diputaciones.

Más tarde me enteré que mi hermana, observadora de casilla, presenció como personal del IFE debidamente acreditado, les anularon los votos donde AMLO había ganado. Estuve hasta las 2 am siguiendo los resultados en Google, en el PREP, en los noticieros internacionales. Me dio un poco de incomodidad ver a las Baja Californias primero pintadas de amarillo y luego súbitamente pintadas de verde cuando en el PREP decían otra cosa. Se me sembró la desconfianza en el IFE,

Hoy tuve la necesidad que un niño de 25 años, que no vivió el robo por “falla de sistema” a Cárdenas vs Salinas, me recordara por qué se inventó el PREP, cómo no es una muestra representativa segmentada, cómo se han inventado miles de candados para que académicos nerds que sólo se emocionan cuando ven números y fórmulas dijeron que ganó el Copetes.

Sí, el Copetes, no le digo presidente porque aunque legalmente lo es, y ahora recupero mi fe matemática en el IFE, no le tengo respeto. Pero no le tengo respeto tampoco a quienes votaron por él aunque debo aceptar mi culpa, mi participación en esa ignorancia que los llevó a votar por él y por sus sueños de cenicienta por Angélica Rivera.

Peña y Rivera ganaron (así, juntos) porque yo -y millones de nosotros- hemos escogido quejarnos en el monitor, hablar con nuestros “iguales” sobre cómo no nos creíamos sus embustes, pero jamás nos acercamos a quienes no tienen la oportunidad de leer timelines, de leer al NY Post, que sólo tienen las telenovelas y los espectaculares para conocer a los candidatos y a la historia de este país.

El fraude lo cometimos todos. Nosotros nos traicionamos, porque burgueses y huevones como somos, creímos en nuestra ingenuidad cómoda de clasemedieros, que millones de personas que necesitan con urgencia 500 pesos para comer y no saben la diferencia entre estado de derecho y estado municipal, sólo escucharan la voz de la televisión.

¿Queríamos que nos escucharan? Entonces por qué no hablamos antes, por qué no dejamos de asumir que nosotros, los que tenemos acceso a casi todo en términos informativos y andamos de bravucones “defendiendo a los que no tienen” veíamos la verdad y no la manipulación.

Hoy 25 años frescos y jóvenes vinieron a recordarme a mis 35 que yo no tengo memoria, que se me olvidó que lo que sé hay que compartirlo respetuosamente con quienes no saben lo que nosotros ANTES de que quien abuse de su ignorancia se presente.

México no se va a caer. Y durante seis años recordaré la tinta indeleble de mi pulgar para estar vigilando con esta cercanía recién estrenada para mí al gobierno federal. Durante los siguientes seis años me acordaré de acercarme a quienes no pueden acercarse a este monitor.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. marujims dice:

    por que si hace 6 años le teias miedo ahora ya no que te hizo cambiar al por AMLO? yo lo sigo viendo igual de loco y me sigue dando miedo este chavez region 4 admito que tampoco me gusta el copetes por que mas bien sera el orejas quien regrese al poder

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  2. La edad tal vez. Su edad. Informarme más. Saber qué opina la gente que trabaja a su lado, cómo lo perciben, cómo reconocen su peligrosidad y cómo también reconocen que sabe rodearse de gente que lo contiene.

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