Los encuentros también se pueden buscar.

Ayer, en medio de una junta de trabajo, el sobrino recordaba como un cliente dijo: “Hay que hacer un meme” a lo que yo repliqué: Ándale cabrón, es como si yo dijera: vamos a enamorarnos ahorita, “sé espontánea”, agregó a la anécdota la adorable Angélica cuando le conté.

¿Ta rebarato no? “Just be yourself”, “Acéptate como eres”, “Déjate ser”. Ahorita. Así como retebien casual. Total, es cosa de “ponerte las pilas”, “echarle ganas”, “querer que suceda”. ¡JA!

Yo, ni lo sé de cierto, pero lo supongo (parafraseando al mejor repartidor de leche convertido en poeta que ha dado este país), que la vida es un enigma que no debe ser resuelto, que como decía Lennon, es eso que pasa mientras planeas qué hacer con ella; y que cuando lo entiendes, cuando descubres el hilo negro, el agua tibia, la razón de la existencia, el Cosmos, la Fuerza, el Consejo Jedi, ponen una orden de ejecución inmediata: ¡Mátenlo que le va a contar a los demás!

Y perdón, pero no es una cosa cruel, ni es un tema de si “Dios” tiene su hormiguero de entretenimiento en la Humanidad; lo que pasa es que si nos enteramos de qué trata la vida, los psicólogos, los psiquiatras, los filósofos, los maestros con M mayúscula, los artistas (de arte, no de hartazgo) se quedan sin chamba. ¿De qué vamos a hablar?

Me queda claro que si el propósito es el camino y ya lo entendí ahorita me tendría que dar un patatús…

¡Ja! Cayeron. (Pésimo chiste, ya sé, pero estoy de buenas).

Los patatús nos dan a cada rato en distintas maneras. Alguien encuentra al amor de su vida y lo sabe con cada fibra rugosa de su intestino, pero lo deja pasar porque somos repenosos y miedosos. Patatús.

Alguien descubre que las ruedas se pueden poner en las maletas cuando llevábamos años usándolas para transportar cosas pesadas pero no se nos había ocurrido antes. Patatús.

Alguien después de un duelo amoroso se da cuenta de que la cotidianidad es un gran disfraz para la pasión reprimida y esperanzada en el cambio. Patatús.

Alguien, tomando terapia en una librería, descubre la voz de un maestro, Gerardo de la Torre, mientras presenta su libro Morderán el polvo (Editorial Ficticia) y piensa, uy, me acuerdo cuando yo era una pseudo intelectual que un día sería Rosario Castellanos.

Entonces, el editor del maestro habla de libros digitales y te das cuenta que por cultos que sean, por talentosos que sean, por mucho que te superen en el arte de escribir, no saben lo mismo que tú sobre el arte de lo digital. Patatús.

En el gremio cultural está bien visto y es chido y hasta in, que los escritores se presenten vestidos de un uniforme inesperado (por ejemplo… pants) y saluden al maestro laureado y platiquen sobre los alcoholes que se van a tomar después. Que el editor que presenta tu libro, entre sarcasmos y realidades frustradas, aclare que un autógrafo de su autor “podría valer algo, algún día”. Que el autor se ría y acepte este trato poco respetuoso con su trabajo y trayectoria como un halago que nace desde la honestidad cultural del país. Patatús.

¿Me debía acercar a mi maestro sabiendo que no me recordaría, insistiendo en el recuerdo aunque no fuera lo políticamente correcto en el gremio? ¿Por qué carajos no?

Compré el libro, que by the way, está muy bueno (tiene ritmo, es cercano a las imágenes cotidianas, te permite espejeo y el personaje protagonista se acomoda muy bien en ese Godinez interno con afán de cineasta o rockstar que tiene miedo de salir de la mediocridad). Me acerqué al maestro de la Torre, le aclaré quién era ocupando referencias que sabía le traerían a la memoria el año de 1997 cuando me gradué y le propuse contactarlo después, “para hablar de este tema de lo digital”.

Patatús.

Los encuentros se provocan, como los ojos que miran con la orilla del párpado mientras el rostro del ser  deseado se pasea frente a ti.

Todo es deseo. Todo es negociación. Todos somos gatos paseando entre los rincones, fingiendo que no nos importa, pero seduciendo a cada paso.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Luz dice:

    Wow, excelente post, llegador… pero lo que más me mató fue la última frase sobre los gatos rinconeros… ouch. Muy cierto que los encuentros también se provocan y a veces eso requiere haaarto valor y a veces termina por no pifar, pero a pesar de ello creo que el intento vale la pena.

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  2. Mil gracias Luz. Sin intentos, sin atrevernos… ¿de qué serviría estar vivos?

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