La vida empieza más tarde de lo que pensamos.

“Te obligaron a ser adulto muy pronto”. He escuchado esa frase miles de veces refiriéndose a mi vida. Y siempre he dado razón y muchísimas veces he decretado que es verdad. Los más recientes acontecimientos de mi vida diaria me han obligado a darme cuenta que no es verdad. Haber recibido información de clasificación “adulto” mientras fui niña no me obligó a serlo. De ninguna manera. Sólo me forzó a ejecutarme como uno. A conducirme como uno. La práctica la tengo dominada, la teoría… a penas la estoy aprendiendo.

Hace poco, por primera vez en mi vida dije: “No tiene sentido vivir sin él”. Nunca en toda mi vida de distímica me había descubierto con una razón… con un gusto por vivir. Razones siempre he tenido: mantener a un perro o a cuatro, darle dirección a PataPirata, sobrevivir sin provocarle problemas a los demás. Sin embargo no fue si no hasta que se fue el único hombre al que he amado sin necesitarlo que descubrí que valía la pena estar en el planeta sólo para verlo vivir a él.

No sé si me explico con claridad: no se trata de que la vida no importe por sí sola, o por que yo valgo lo suficiente para ser mi propio motor de vida. Esas dos cosas las tengo claras, es sólo que, como lo he escrito millones de veces en este blog, “no estoy tan convencida de vivir en esta vida”. Nunca me ha parecido interesante, justificable, lógico. Hasta él.

Y ya no está.

Así que aquí estoy a mis 35 años, por primera vez con el corazón roto de verdad, no porque alguien ya no esté en mi vida y yo lo necesitara como el aire, o sintiera que si no está no puedo respirar. Eso es codependencia. Con el corazón roto porque lo único que me parecía lógico, justificable, interesante de vivir ya no está frente a mí.

Hay otra cosa que estoy aprendiendo ahora: suck it up. Por más que lo extrañe, por más que mi vida ahora sea totalmente diferente, por más que me parezca que no habrá alguien más en mi vida nunca más, es lunes, hay que trabajar, porque si no, a fin de mes no hay dinero y no tengo con qué pagarle a la gente que trabaja para mí ni cómo comer, ni dar de comer. Suck it up. Sin miedo. Consciente de que tras el primer paso siempre vienen más, sin hacerme tonta pensando que por hacerlo las cosas cambiarán. No simplemente siguiendo la rutina, si no haciéndola aunque no quiero, aunque me parece absurda, porque por absurda que sea a mis ojos, ante el mundo, ante el funcionamiento social, es indispensable que siga. Hoy es lunes, casi la mitad del año.

Tengo 35 años y asumo me queda otro tanto igual por vivir. So, suck it up. Mañana será otro día.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Me conmovió muchísimo tu comentario.

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