Shhh

Que raro que seas tú

quien me acompañe, soledad,

a mi, que nunca supe bien

cómo estar solo.

María Rita y Jorge Drexler cant it


Tenía casi una década sin dormir sola. De repente, ayer entendí que la cama me pesa en su anchura y que no hay cobijas suficientes para sentirme nuevamente arropada. 


¿Alguna vez les ha pasado que han hablado durante mucho tiempo sobre un tema y un buen día descubren que no es si no hasta ese momento que apenas comprenden de lo que hablaban? Yo no sé cuántas veces me he sentido sola. Sé que son más de las que debería contar a mi edad. Siempre he estado más familiarizada con la expresión: “como burro sin mecate”; deambulante, sin rumbo, sin propósito.

La soledad para mí siempre ha sido un tema permanente, nacemos solos, nací sola, estuve nueve meses encerrada en una bolsa llena de líquido donde todo lo que percibía venía viciado por los ruidos de otro ser humano que me cargaba. Nueve meses. Hay plazos bancarios más cortos que eso. 

Hoy pasar un par de horas sola en casa no me pesa, pero la idea de cuántas horas se irán sin compartir mi apreciación sobre las cosas y conocer la apreciación de alguien más me abruma tanto como pensar que un día comí por el mismo conducto por el cual desechaba mis fluidos. Durante nueve meses. 

Qué fácil es dar por sentado el silencio en compañía… 

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