Las crisis, su manejo, la sobrevivencia.

La palabrita me trae recuerdos infantiles. Todos asociados a mariposas, El Quijote, el Claustro de Sor Juana, los gatos… Crisis era la palabra clave del trabajo de vida de mi madre, culpable/responsable del propedéutico de Filosofía que se llevaba a cabo en aquella Universidad a mediados de los 80.

Me aprendí de memoria ese curso que se titulaba “Cauce de Integración Humana”, cuya creadora no fue mi madre si no Tita Romero, su mentora. Una mujer a la que recuerdo muy poco.

Crisis… mi madre se había convertido de ama de casa a trabajadora 24 x 7. Daba clases, tomaba clases, cosía de día y de noche para poder pagar el vicio de aprender.

Crisis. Mis padres divorciados, mis hermanos huyendo de la casa familiar como si la peste hubiera caído.

Crisis. Enfermedades y accidentes múltiples antes de cumplir 5 años. La caída de la Bolsa en el 84, país en crisis. Mi papá me enseñaba lo que significaba vivir en un país tercermundista mientras desayunábamos en el Club de Banqueros donde la única niña era yo.

Crisis. El temblor del 85. Olor a muerte y meses sin escuela, sin rutina. La locura de ser un niño al que no se puede acomodar en ningún sitio para que los adultos sigan siendo adultos.

Crisis.

¿Cuándo un chilango, un mexicano, un tercermundista no ha vivido en crisis?

En el último mes me ha tocado sobrevivir a una nueva crisis que no es propia pero me afecta en las meras bases de mi vida. -¿Cómo le haces para no estar metida en la cama llorando todo el día?, me han preguntado. Es fácil: tengo cuatro perros. La última vez que decidí perderme en la crisis, tenía solo uno, así que no fue tan difícil dejar de ganar dinero. Hoy, dejar de ganarlo costaría que cuatro vidas dejaran de comer.

Las crisis para los distímicos como yo son fáciles de llevar porque nos hemos curtido muchas veces con crisis previas. Las sufrimos igual, nos duelen igual, nos desgarran por dentro y nos obligan a reconstruirnos todos los días hasta que en algún momento de la noche sólo quedan jirones de lo que fuimos y debemos dormir para levantarnos.

Me gusta pensar que en las crisis soy como los super héroes en las películas, como Hulk que con su enorme masa corporal y supuesta incapacidad de precisión se permite ser vulnerable y escucha una órden. Como Constantine a la mitad del infierno tratando de buscar un alma en condena sólo para poder salvar otra o la propia.

En las crisis, no tengas miedo de pedir ayuda. No tengas miedo de comer chocolate. Ni de llorar. No más levántate al siguiente día y ve por las croquetas hasta que encuentres otra razón para seguir.

Y si puedes, escribe. Que a nadie le viene mal leer cómo pasas tú las crisis.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s