Qué sí es y qué no es la depresión – Parte 2 – El origen del trauma

“Alguien apagó la luz o por qué este camión se puso todo oscuro”. Eso decía el tuit que inició el hashtag #Hoyenaventurasdeunautista (ciertamente debí llamarlo de otro modo).

Era un día entre semana y caminé al camión de Reforma que me llevaría a Periférico. Siempre espero, no importa cuánto tenga que hacerlo, a que aparezca uno que no esté a reventar y me subo en ese. Casi llegando al final de Gandhi me mareé, se me nubló la vista, el brazo izquierdo no me respondía, tampoco la pierna. Como pude me acerqué a la puerta y me bajé. Me senté en una jardinera. Aguantándome las ganas de llorar y con la quijada apretada de coraje, de miedo, de vergüenza me dije: te paras y te subes a otro camión. Te paras en este momento y te subes a otro camión porque si te regresas a la casa no sólo no vas a volver a subirte a un camión si no que no volverás a la oficina, y otra vez estarás encerrada en tu casa por años. Te paras y tomas otro camión ahora.

Eso hice. No quería. Pero lo hice. Me subí, tomé la combi de Periférico, crucé el puente provisional bajo la ballena que no fue asesina y llegué a Wunderman. Eran las 8:30 am. Mi jefe de entonces, el Buen Bob me dijo: ¿Te pasó algo? Me dio un ataque de pánico en el camión. Anda, baja a que te dé el aire.

No lo hice. Me encerré en el baño para discapacitados que es muy grande y me tiré en el piso a enfriarme. Estaba ardiendo. No lloré. Tenía la quijada apretada todavía. Entonces empezaron a llegar los conocidos que varias semanas después se convertirían en mi familia de los #4feos.

Platiqué con Adriana, la diseñadora de nuestro cluster lo mucho que me molestaba no poder hacer una cosa tan sencilla como subirme a un camión atiborrado como todo mundo y sobrevivir sin un ataque. “Todos tenemos algo con lo que no podemos, date chance”.

Pasé todo ese día en calidad de zombie, volví a casa en taxi pero orgullosa de haber acabado con la jornada.

Mi madre me empujaba a subirme a los camiones aunque yo sentía pánico. Decía que a mi edad (12- 13 años) era absolutamente natural y normal que los chavos se fueran solos a la escuela. Y sé que es verdad… pero yo nunca pude sin sentir horror.

Nací entre muchos privilegios económicos y he sido suficientemente mañosa para mantenerlos. Así que difícilmente me veía en la necesidad de usar transporte público.

Cuando llegué a casa y cené descubrí que el molar izquierdo estaba roto. Ya no tenía raíces hacía tiempo, era un pedazo de hueso muerto pero no me lo podía quitar. Unas semanas después la dentista la sacó. Prueba irrefutable de que se ganan unas batallas y se pierden otras.

Yo no sé qué tengo con las multitudes y los lugares cerrados con mucha gente. Eso incluye mesas de fiestas donde hay más de 10 personas hablando al mismo tiempo. Centros comerciales en fechas de compras. Cumpleaños. Conciertos por supuesto…

Hasta hace 3 semanas, antes de esta recaída tenía ganas de ir a mi primer concierto sin ir dopada. Al único que he ido es al de U2, la primera vez que vinieron. Traía encima 6 Dolacs. He ido a conciertos chiquitos, tres a lo mucho, en espacios muy pequeños donde no hay mucha gente. Siempre acompañada de gigantes (hablo de hombres de tamaño imponente y con quienes me siento segura).

¿De dónde habrá salido este miedo?

Ultimamente sueño con la cocina de la casa donde nací. Soy un bebé, un toddler como dicen los gringos. Y veo todo para arriba y hay mucha gente y todos se gritan. Ayer por primera vez en mi vida hablé mientras dormía. Tuve una conversación completa con mi marido el Emperador sobre cómo por fin tenía la dirección (sabrá Dios de qué) y que había que ir al Banorte. No recuerdo el sueño, pero me sentía desesperada.

En el transcurso de mi vida y mi padecimiento he escuchado muchas teorías sobre el origen del trauma. Que si hay algunos tan dolorosos que los bloqueamos y jamás podemos recordarlos, que si hay otros que son constantes y entonces se fragmentan en tu memoria haciendo lo mismo con tus emociones, que si el trauma se supera una vez que lo recuerdas, que si al recordarlo corres el riesgo de volverte loca…

Mi teoría es que cada quien su receta. Hoy, estos días, quiero acordarme. Quiero intentarlo y ver qué pasa. Y volverme a subir al camión del trauma aunque me de miedo y me rompa la muela. Ya comprobé que puedo vivir sin una muela… igual tengo muchas.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Hola: no estoy tan segura de que no soportar un camión repleto de gente sea parte de algún problema, aunque eso te hayan dicho desde pequeña, sería un problema si con el tiempo no pudieras subirte a ningún transporte público y luego esto y luego aquello….quizás parte del problema es que nos exigimos cosas que no debieramos.Una cosa es que no soportes las multitudes que quitan el aire y otra es autosabotearte abandonando un trabajo por ejemplo.
    Igualmente es estupendo que hayas superado la “prueba”!Saludos

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    1. Maríaisabel Mota dice:

      Hola Raquel. Gracias por leerme. Evidentemente el problema es que nos exigimos más de la cuenta. Digamos que esa es la enfermedad, los síntomas en mi caso, es no poder controlar mis emociones al estar en lugares abarrotados, ruidosos. Por fortuna (si has leído algunos de mis posts) es algo que ya puedo hacer salvo en esta recaída.

      No quieres saber las cosas que me dijeron de niña. “Autosaboteo” es una palabra que eliminé de mi vocabulario hace mucho; me parece parte de una filosofía noventera que precisamente exige que todos seamos la mejor versión de cada quien, que nos impide y nos condena si nos permitimos, por ejemplo, ser nostálgicos, tristes, lúgubres. ¿Por qué tenemos que ser shinny happy people? Digo me encantan los B’52s y con REM es una delicia, pero es sólo una canción, una propuesta para quien puede y quiere vivir así.

      Yo hoy estoy reconciliándome con cómo soy y soy nerviosa, vulnerable, voluble y me había pasado toda mi vida diciendo que eso estaba mal y que debía combatirlo. Thank you so much, but no. Soy todo eso y soy mil cosas más.

      De nuevo muchas gracias por leer, pero sobre todo por escribir.

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