>De los muchos oficios de las letras

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Cuando mi madre me festejaba algún cumpleaños, el que fuera, siempre me decía: “Súmale los 45 con los que naciste”. Mis padres tenían esta idea de mí… esta extraña idea de que yo era más lista, más interesante, más algo que los demás. Tal vez cultivaron esa idea para poder lidiar con mis múltiples incapacidades: no hacer amigos de mi edad, insistir en quedarme sola, no ponerle atención a los maestros o corregirlos.

Crecer así, pensando que era mejor que los demás, escuchando a mis padres regañando y molestando a los demás defendiendo mis peculiaridades me hizo un pain in the ass para cualquiera. No le echaré la culpa entera a mis viejos, mis hermanos también me consintieron bastante. Me leían cosas completamente fuera de mi edad, me dejaban quedarme con ellos hasta noche, me dejaban cuidar a sus hijos aunque les llevara a penas 3 años de diferencia… Total que uno se va creyendo cada vez más grande y luego la vida se encarga de enseñarte que nomás eras grande para tu familia.

Transportado a la vida laboral eso significa: Tengo una habilidad brutal para encontrar typos. Brutal. Una cosa que molesta a cualquiera. Si leyeron mi reseña sobre el restaurante Los Sobrinos o si alguno de ustedes alcanzó a conocer mi blog de typos saben a lo que me refiero.

Antes de escoger algo en un menú, reviso si tiene typos. Antes que comprar un disco, reviso si los textos tienen typos. Antes de ver si el semáforo está en verde, busco typos en los espectaculares, en las vallas y en las pintas en la calle. Colecciono fotos de typos. Ahora, entiéndanme, amo los typos. Amo los errores ortográficos porque me recuerdan que toooodos podemos fallar. De hecho, en el último libro que leí encontré cuatro typos. ¿Y saben qué? Esa clase de errores, que si una a por una e, que si una doble o, que si un acento se olvidó…

SOLO LE IMPORTAN A LOS EDITORES

Los lectores andan por la vida diciendo: jajajajaja un typo (si es que saben distinguirlo)  y le dan next a la siguiente idea y les importa un carajo. Pero claro, yo tenía que ser la bocona que dijera: encuentro typos en todos lados, soy buenísima identificándolos. Por si se lo estaban preguntando, no, no releo mis posts en busca de typos. Aquí me dejo ser.

La cosa es que cuando uno es bueno identificándolos no significa que sea buena evitándolos. Yo creo que en este blog deben haber unos cuatro millones de ellos. Es mi cálculo de bloggera. En el PataPirata deben haber unos ocho, y si hay tan pocos es porque no lo hago sola.

Cuando era asistente de la Miss José Antonio Alcaraz siempre me tocaban zapatazos porque metía los cambios que me marcaba la Miss pero dejaba lo que estaba antes. Eventualmente dejé de hacerlo. Sobre todo cuando empecé a dormir más de 4 horas al día. Pero mientras, me culpé como si fuera judía ortodoxa obligada a comer chilaquiles con pollo y queso.

Cuando entré a Televisa se me fue el peor de todos los typos del mundo: Vokslwagen. Sí, la k por delante. Pero después de ese dejé de creer que sólo yo tenía que escribir y el editor y el diseñador y el corrector de estilo revisaban las pruebas y al final de la edición, se nos iban dos o tres typos en todo el número.

Cuando trabajé en Premiere mi jefe me hizo llorar un par de veces por que se me fueron typos. Sin embargo contrató como colaborador a un “escritor” que creía que los acentos se ponían “donde se veían más bonitos”. Saben cómo acabó esa historia.

Ahora estoy obligada, porque para eso me contrataron, a escribir, revisar, revisar, revisar, corregir, revisar, revisar, hacer cambios, reescribir, revisar, revisar, corregir y readaptar y luego corregir el mismo texto yo solita. Pero no de un sólo texto al día, si no como de cinco, mientras reviso y corrijo un sitio de internet. Yo solita.

Creo que mis papás estarían felices: otra vez se fijaron expectativas inalcanzables en mí. ¿Será que esa es mi verdadera vocación?  Ya saben, ¿entrar en el negocio de: mi boca es demasiado grande y por eso fijo expectativas inalcanzables y luego te decepciono?

Tengo 17 años escribiendo de manera profesional y si algo he aprendido es que el oficio de escribir tiene hartísimos escalones.

1. Capturista: No crea nada, no idea nada, copia de un lado a otro y su trabajo se mide en la capacidad de no cometer typos y la velocidad con la captura las ideas de otro.

2. Pega cables: Les decía así desde tiempos de mi papá, aunque en esa época se referían a los empleados de una mesa de información que literalmente, unían los cables del telefax para que los reporteros pudieran leer las notas completas. Ahora los pega cables son estos “reporteros” que jamás salen de una oficina de redacción (no importa la clase de publicación que sea) pero pegan la nota del cable que les mandó AFP, Reuters o cualquier otro servicio de información.

3. Redactores: Idealmente ven la noticia suceder en el momento (no, no in situ, si no por la televisión) y después voltean a su computadora y redactan.

4. Reporteros: Ya casi no hay… ahora a todos los “periodistas” los educan para salir en la tele y alguien más les escribe el guión. Pero antes, y en algunos lugares privilegiados, hay gente que ve un suceso importante, entrevista a alguien al respecto, pide la opinión de un experto y después se sienta a escribir un reportaje con toda esa información. Ahora sucede en algunas revistas pero no en todas.

5. Ensayistas: Un poco más lejos del reportero simplemente porque observó no sólo un evento si no sus consecuencias y las analizó en el contexto presente o en otro, e igualmente entrevistó a muchos, leyó a otros, vio películas, escuchó música, salió a la calle y lo pensó… y entonces se sentó a escribir una especie de perfume sustraído de todas esas experiencias.

5b. No me golpeen amigos escritores, poetas y dramaturgos, neta le pensé. Aquí van los publicistas. Digamos que idealmente deben pasar por el mismo proceso de un ensayista pero escribir el resumen -que no perfume literario- en menos de diez palabras y para un territorio terriblemente superficial (las ventas) con el cliente (dueño del producto) sonando los dedos amenazadoramente sobre el escritorio.

6. Dramaturgos/Guionistas: Escriben “como habla la gente” pero sin las partes aburridas. Deben saber lo que saben los ensayistas, responder a las modas que imponen los publicistas, ser historiadores si el contexto los obliga, y tienen un deadline mortal.

7. Escritores de cuentos, novelas: Trabajan sin deadline, lo que es peor porque suelen ser perfeccionistas. Son sus propios jueces y como los gatos, se distraen con cualquier hilo que les atraviese el rostro. Pero cuando acaban… suelen parir los mejores momentos que las letras pueden dar. Salvo por:

8. Los poetas.

Y yo tuve la fortuna de graduarme como poeta. Y me rento de copywriter. Y paro poesías en medio del día, sentada en un escritorio, en medio del fantasma periodista de mi padre, del ensayista/dramaturgo/músico de mi Miss Alcaraz, de mi madre para quien nunca fui suficiente en nada si no cuando le dicté mi primer poema a los 4 años. Y por más que uno quiere no ser víctima de sus circunstancias, qué creen: eso termina siendo.

Así que, queridos poetas, queridos reporteros de los de antes, queridos ensayistas, dramaturgos, guionistas… gracias por seguir leyendo y seguir escribiendo. Vamos a la mina, que de ahí sale el dinero, y volvamos a la casa que es de donde sale lo que de verdad vale.

7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Özer dice:

    >Primero: Besos y abrazos.Segundo: Si hubieras nacido unos añitos después, te hubieran colgado la etiqueta de "niña índigo".Tercero: Yo perdí un cliente de traducción porque se me fueron dos puntos (así ..) al final de una frase. Paradójicamente, esa empresa quebró como un año después.Cuarto: Gracias, gracias, gracias por este post. Te quedó redondo.

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  2. Doña M dice:

    >Estoy echando el chal con Nena Mounstro y me quedé pensando en cómo he construído lazos importantes con otras bloggeras. Deberíamos juntarnos como una vez al mes a la pitufación.PD: Estúpidos clientes.

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  3. Kishiria dice:

    >Maestra!!En serio que me has dejado con los dos ojos cuadrados y me sentí tan identificada… da gusto saber que a tod@s se nos van typos (no somos perfectas) y que en casa del herrero, azadón de palo.Yo jamás olvidaré cuando mi primer editor se sentó junto a mí y comenzó a deshacer mi texto párrafo por párrafo, línea por línea, cosas como esas te dan humildad.Lo interesante es tener que traducir la floritura artística de un copy que se siente góngora y que lo quiere "tal y como hablan los gringos" y "que no cambie el contexto" pura emoción extremaPD: mugres clientes que se sienten catedráticos de la lengua y no saben la diferencia entre "ay" "hay" y "ahí"

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  4. Doña M dice:

    >Mi querida Mooni. Creo que este post tuvo la magia de liberar mi demonio y el de varios más. Es absurdo cómo se nos exige y terminamos exigiéndonos perfección. En un oficio donde la herramienta básica se la enseñan a muchísimos millones de personas en los primeros tres grados de primaria, cualquier pendejo de cuarto año se siente premio Nobel.

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  5. Kishiria dice:

    >Y lo malo es que nadie se acuerda de lo que nos enseñan en esos primeros años

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  6. Doña M dice:

    >A mí no se me puede olvidar, fue mi hermana. Miss Lety. Que 31 años después sigue enseñando a leer y a escribir en su kinder.

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  7. >Tienes mucha fe en la humanidad. ¿En serio crees que la gente sabe lo que es un typo? Ni siquiera saben leer.

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