>Lealtad empresarial o "Dale Like a mi campaña"

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Son las 4 de la tarde en las latitudes ponientes de Periférico. Todo sereno. Me explican los otros mineros que la semana se ha sentido pesada porque hubo puente y porque no ha habido carga pesada de trabajo.  La verdad es que sí se me ha hecho larga… pero estoy casi segura que es culpa de mis cuestionamientos éticos.

Verán, en la escala de oficios y profesiones, para mí, la que tiene más valor es barrendero, plomero, limpieza, luego vienen todos los oficios que se hacen con las manos y resultan artesanales o artísticos. Luego de eso los científicos que aterrizan en la práctica (como los 50 de Japón o los científicos del Poli que hacen dulces que ayudan a reducir el riesgo cardíaco).  Luego vienen los artistas de a de veras: los filósofos, los poetas, los médicos, las enfermeras, los jardineros… toda esa gente que hace que alguien más sonría o sienta.

Toda esa gente tiene chambas chidas. Son euvibrosas, diría el sobrino. En el otro lado de la balanza están las chambas horrendas: abogado coorporativo, contador coorporativo, narcotraficante, diseñador de modas, y cualquier actividad que devenga en algo producido en masa. Ahora debo agregar a esa lista publicista, mercadólgo y analista de mercado.

Verán, en el caso de una adolescente anoréxica son tan culpables los padres, los hermanos, los amigos, alguna tía obsesa y demás parientes ojetes como el diseñador que fotochopeó a la modelo y le quitó 15 kilos para que se viera como quería, como la agencia de publicidad que lo permitió y el maquilador que por hacerse millonario explotando obreros ilegales fabricó shorts talla -7 para que un montón de medios de comunicación se pelearan porque la marca en cuestión les comprara el espacio para su publicidad.

Tengo un compañero en la oficina, prácticamente mi refugio emocional, que está obsesionado con que ya llegue la Solero de plátano al Extra. “Desde que la vi en el comercial me muero de ganas”. Y eso que perro no come perro… pero de la publicidad, las primeras víctimas son los publicistas.

Hoy, a las 4 de la tarde hora del poniente de la ciudad de México, cuando subo de comer mi Solero de fresa, la Divina Lizzet me pide le de “Like” a una campaña de publicidad en la que ella está trabajando. Mi respuesta inmediata fue: NOOOOOOOOOO.

Ojo, no se trata de que Divina Lizzet  trabaje en OTRA agencia que no es esta que me contrató como textoservidora; no señor, se trata de que el producto que promueve no me gusta. Para empezar la empresa que lo produce experimenta en animales; segundo mi Facebook es personal, personalísimo pues. Tanto que borro más contactos de los que agrego. Tercero, sería incongruente que, si no le he dado “Likes” a las campañas del burdel que me contrató, ande regalando mis “Likes” a otro burdel.

Yo entiendo tus razones, dice Divina Lizzet, pero si el cliente no come, uno no come. Es lealtad empresarial.

Tan pronto como leí esas dos últimas palabras el soundtrack de la epifanía se escuchó en mis oídos internos (los externos están ocupados oyendo Daft Punk). “Lealtad Empresarial”.

La. Mamá. Del topo.

Lealtad es una palabra enorme. Gigante. Como Bronco de América. Es un concepto tan fuerte e irreductible que no puede ligarse más que a otro igual, como amor, compromiso, sinceridad, honestidad, justicia. Empresarial es una palabra chiquitititititita. Más pequeñita que los mocos que los jefes que he tenido jalan cada dos minutos.

Sin embargo, Divina Lizzet argumenta: Mi madre decía que para que tu trabajo se mantenga le tiene que ir bien a la empresa que te paga, para que eso ocurra sus ventas tienen que mantenerse y crecer. Entonces tu consumo apoya a que de cierta manera eso siga. Al apoyar a las empresas para las que trabajas apoyas a tu empleo.

Cuando mi padre era joven, esto es, principios de los 50, las empresas grandes en este país vendían telas, pan, periódicos. No eran emporios comerciales globalizados necesitados de las recomendaciones que hace un cliente a otro cliente (Member get member se llama ahora eso).

Hoy Colgate, Banamex y miles de marcas (que no empresas) no necesitan que los consumamos tú o yo, de hecho podrían quedarse un par de años sin que consumiera nadie sus productos mucho antes de quebrar como empresa.

En la época de mis padres y de los abuelos de mi Divina Lizzet cuando una empresa quebraba el dueño (CEO de hoy) vendía hasta la camisa para sacar adelante el negocio y que sus trabajadores no perdieran la chamba. Por esa generosidad, por ese compromiso, el empleado respondía con su trabajo y le entregaba su lealtad empresarial.

Hoy, si alguna marca truena, los miles de dueños que tiene (gracias a la venta de acciones) venderán su parte a un consorcio que a su vez venderá los recursos reales (escritorios, computadoras, maquinaria pesada y plantas) a quien más le convenga. El CEO conseguirá otro empleo mejor pagado y el portero, la secretaria, y el Director Creativo saldrán a las calles a perseguir la chuleta que, como bien sabemos, es medallista olímpica.

La lealtad para con la empresa (tomando en cuenta que la palabra empresa puede usarse como sinónimo de tarea o misión) es vital. Es parte de la ética laboral. Vaya, en palabras más cercanas: el orgasmo es de quien lo trabaja. Pero la lealtad con la marca es el producto de la manipulación de nosotros, los textoservidores y el resto de ninfas “creativas” que pululan este congal.

– Puede que tengas razón, pero tu trabajas para una empresota. Aquí somos 13 personas.

Obvio, le di “Like” a su campaña.

4 Comentarios

  1. Moonwarden

    >arghhhh esta madre borro mi largo comentario, bueno, va la síntesisUna maestra me dijo:"te alquilas por 8 horas"en ese lapso de tiempo estás a disposición del patrón, que puede ponerte a hacer lo que quiera tenga o no que ver con lo que te contrataron, te puedes negar y te darán, si acaso, las gracias.aunque tu cliente sea una empresa de cosméticos en la lista negra de PETA, aunque trabaje con transgénicos o si es un político de negra reputación..ni modo, alguien tiene que llevar las croquetas a casa

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  2. Doña M

    >Pues yo soy muy terca, insisto en mantener mi ética personal por encima de la lealtad a la marca. La lealtad a mi empleador, es otra cosa, y esa la tengo por gratitud que siempre será proporcional a la que él me tenga. Por cierto, hoy me dio un ataque de ansiedad en el camión y todos en la oficina están de lindos conmigo.

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  3. Moonwarden

    >Lo malo es que los escrúpulos son para gente de primer mundo, los tercermundistas no tenemos derecho a esas cosas de lujo.¿Porqué el ataque de ansiedad? bueno yo évito el hastío del transporte poniendome mis audífonos y autisteando

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  4. Doña M

    >No creo Mooni. Creo que el primermundo es rico porque vendió su ética y el tercermundo se siente miserable porque quiere conseguir dinero. Pues ya ves que tengo problemas con los espacios retacados de gente… Ya te contaré en persona.

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