>Es sólo trabajo…

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Mark Twain decía que pudo estudiar sin que le echaran a perder el gusto por escribir. No todos los que estudiamos porque queríamos escribir corrimos con esa suerte.

Me acuerdo que cuando estuve en SOGEM, quienes también estaban en Letras en la UNAM decían que éramos privilegiados porque ahí sí podíamos crear y no sólo analizar como en la casa puma. Cuando trabajaba en el medio financiero nadie se quejaba del trabajo en sí, si no de todos y cada uno de quienes trabajaban en él. Cuando anduve de intelectualoide todos buscaban ser el más intelectual y el más amigo de Carlos Monsiváis o la vaca sagrada del momento.

Sólo cuando trabajé en prensa automotriz nadie envidiaba el trabajo de nadie más… es lógico. Subirse a un coche nuevo todas las semanas y viajar manejándolos perdona el 80% de las chingas de trabajar. (Hay sus excepciones ¿eh?  No todas las editoriales son divertidas como Motorpress o como era Premiere) (En la última no pagaban, pero era divertida).

Constantemente escucho a los “profesionistas” de tal o cual negocio cuestionar su vocación, quejarse sobre lo poco que disfrutan lo que antes adoraban y que todo se vino abajo por el estrés de la chamba. Y que si no soltaban la chamba, es porque “estoy clavado en deudas, necesito el dinero”.

A mí se me ocurre que habría que analizar ese el problema del final, al inicio, no al revés. Esto es:

1.- “Necesito el dinero”. Sí. Tú y todos los demás pendejos que habitamos el planeta.
2.- “Estoy clavado en deudas”. Sí, tú y todos los demás imbéciles que sacamos una tarjeta de crédito.
3.- “Ya no disfruto mi trabajo y se supone que si me dediqué a esto es porque me gustaba”. El trabajo no se disfruta, es trabajo, cansa, pesa, pagan por hacerlo. La vocación, no se suelta.

Entonces, si todos necesitamos dinero, quiere decir que todos sabemos sobrevivir sin él. Si pierdes la chamba, del suelo no pasas (para comprobarlo, leer posts anteriores, como del mes de enero).

Si todos tenemos deudas, todos podemos encontrar la manera de ir pagándolas, es cosa de dejar de comprar pendejadas y recordar que no hay producto que te haga feliz.

Si tu trabajo acabó con tu vocación, hay que recordar que el trabajo, no tiene la obligación de ser tu vocación, sólo de proveerte dinero.

Yo adoro… tantas cosas. Escribir (a veces), comer helado de yogur, cocinar tamales, acariciar a mis perros, cantar (y lo hago bien eh…), cuidar a mis plantas y limpiarles las hojitas con plátano. Todavía no encuentro un trabajo que pague por eso… porque además, creo, que si me pagaran por hacerlo, me sentiría medio cochinita. Vaya, no quiero que alguien me diga que mi habilidad de querer a mis animales tiene un precio tasable en un tabulador que comparado con otras empresas tiene muy buen precio.

Trabajo pues, pongo en renta mi habilidad para escribir (que es la más fácil de vender de mis habilidades) para poder pagar aquello que me permite hacer lo que me gusta.

Es sólo trabajo.

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