>Cambio de oficio

>Cuando mi papá se iba de viaje por trabajo siempre había una especie de emoción extraña, digamos, medio contraída. Por un lado viajar siempre es interesante, siempre es estimulante, por otro, que tu padre viaje tanto cuando tienes 5 años es una Xingadera.

Tengo muy presente un viaje a Viena, papá dijo que volvería en dos semanas y cuando volvió me trajo un perro de peluche que brincaba y hacía piruetas. Yo sé que de esos hay ahora miles y cuestan 20 pesos, pero en 1983 les juro que eran rarezas inconcebibles.

Mi papá me distorsionó la realidad sobre los viajes de una manera francamente irrecuperable. Yo no sabía que la gente tenía que pagar tanto por viajar, y no lo supe si no hasta que yo tuve que sustentar con mis medios un viaje… cosa que ha sucedido unas dos veces en mis 34 años de vida. Papá, como todos los periodistas de este país, viajaba con los gastos a cuenta de un tercero. Ese tercero podía ser el Banco de México, el periódico que lo enviaba, la aseguradora que decidía quería que entrevistara a Perenganito Strauss en sus oficinas matrices, la convención de Pepitos Chupités en cuyo caso a veces hasta el mismo gobierno pagaba. Y no nos mandaban a hoteluchos, siempre a cosas de 5 estrellas y restaurantes de corbata de moño y además nos llenaban de regalos (chayos se llaman, porque espinan las manos y evitan que escribas lo que pienses, para que escribas sólo lo que quieren que escribas).

Antes de los 20 años conocí todos los hoteles 5 estrellas de Cancún, Puerto Vallarta, Mazatlán y Acapulco, lugares favoritos por las fuentes financieras. Luego, cuando la vida me puso en el mundo de los coches, las armadoras empezaron a pagar mis viajes y así conocí otras costas y con mejor suerte, llanos, viñedos, desiertos, selvas… Además no sólo las viajé en avión, las manejé en muchas ocasiones en autos premium.

¿Suena a toda madre no? Y es… salvo cuando deja de serlo. Verán, ser periodista es muy… glomouroso, muy escandolosito. Nos regalan cosas caras y quesque exclusivas, como la libretita en la que ahora escribo mis notas y la gente de mi nuevo mundo chulea como si fuera una rareza. En mi viejo mundo todos tienen esa libreta y ya ni la ven bonito.

Los chayos hacen que la gente más débil se vuelva lastimera, ambiciosa, carroñera. Si supieran la cantidad de “colegas” que tengo que a veces nomás van a los cocteles nomás para que les regalen un USB, una agenda, una pluma fuente, un llavero… Cosa bastante corriente la verdá.

Cuando uno es taaaan mamón como yo, esas cosas calan. Sobre todo cuando uno vio y hasta personalmente regresó chayos más caros que un iPod Touch (el chayo más mamón que recibí estando en la industria de los líderes de opinión automotrices), pero sobretodísimo cuando he visto lo que esos chayos le hacen a la gente, en lo que convierte un regalito a un escritor que pudo haber tenido futuro.

Lo más complicado de ser periodista, tal vez, es querer opinar algo que siempre estará censurado. Vaya, no siempre, pero las más veces. Aunque lo que quieras decir sea positivo para un producto que reseñas, la forma puede ser incorrecta. Y si quieres decir algo malo, no importa que le encuentres la forma perfecta, el fondo siempre será mal bienvenido.

De esa manera por mucho que adore un GTI jamás podré escribir que no vale lo que cuesta. Y que por mucho que los autos franceses sean bonitos, jamás serán tan confiables como los alemanes…

Vaya, que lo que hacen los tíos de Top Gear, en México, es imposible. Y jodidamente, eso es lo que quisiéramos hacer los periodistas: decir lo que queramos, como queramos y eso le interesa sólo al público, pero nunca a quienes firman nuestros cheques.

En Líderes Mexicanos, donde tengo más de una década escribiendo la cosa es muy diferente. Ahí la intención siempre ha sido resaltar lo chido, buscar lo fregón de alguien que es un líder y que está haciendo algo fregón por este país.

Como me conocen tan bien, saben que no puedo ni debo entrevistar políticos, que si se trata de un empresario, no deben enviarme con uno que no tenga al menos un proyecto de retribución social. Que adoro entrevistar líderes jóvenes y que soy la mejor entrevistando causas altruistas. Por eso hemos podido trabajar durante más de una década. Porque en Líderes escribo lo que me gusta escribir.

Pero hoy firmé mi contrato para ser otra cosa que nunca esperé ser. Hoy cambio de oficio y dejo de ser “periodista” (cosa que nunca me cuadró, para ser honesta) y voy a dedicarme a la Publicidá.

Desde la frontera de la publicidad hay un acuerdo tácito con el comprador: lo que estamos diciendo es 70% exagerado en lo bueno. Por lo que no debo preocuparme tanto por no decir lo que quiero, si no por decir sin faltas ortográficas lo que quiere el cliente.

A mis 34 años empiezo una nueva carrera como me enseñaron mis papás: haciendo carrera, no estudiándola.

Ya les contaré.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Özer dice:

    >Haciendo camino al andar. Creo que esa es la única manera. ¡Abrazos!

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