>De. J.J. Abrahams a Paul Auster y todo lo que hay en medio

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 Ocupé el puente para ver las dos primeras temporadas de Fringe en DVD. Vi la primera temporada en la televisión y no terminó de convencerme pero “era lo único medianamente bueno en la tele”, lo cito porque juro que eso dije, tal cual las mujeres decimos siempre: “no tengo nada qué ponerme”. La verdad es que nunca hay nada bueno en la tele, está echada a perder con los comerciales y los intentos futiles por reportar la realidad.

Jesús Calzada, mi maestro de guión de tele, preguntó el primer día de clase para qué servía la televisión. Su respuesta fue: para vender jabón. Jesús Calzada es un exitoso guionista de telenovelas y un gran ser humano y su capacidad de observación y de contar historias es innegable, pero la forma en la que nos es presentado cada uno de sus trabajos echa a perder todo.

Fringe, como cualquier otra historia (Lost, por ejemplo, del mismo Abrahams) es una anécdota de ciencia ficción francamente disfrutable si no tienes que padecer los anuncios que la interrumpan intentando convencerte de lo gorda que estás y lo fácil que sería remediarlo si compras un aparato o una crema reductora y de camino te distraes del ritmo y cadencia pensados por el escritor con cortes de otras series, que no tienen ni siquiera el mismo tono.

Ver una serie sin parar es lo más cercano a la sensación que da leer sin hacer el esfuerzo de imaginar. Es lectura digerida con una dirección impresionante en el mejor de los casos y una producción que permita confundir a nuestras aspiraciones para que no compitan con las del escritor.

Terminé de ver la segunda temporada. Son las dos de la mañana de un martes con disfraz de lunes y prendí la tele por costumbre, por rutina, porque eso haría a estas horas: ver repeticiones de Law and Order. Pero tengo la cabeza llena de mundos alternos y de máquinas que por rencores francamente freudianos podrían acabar con el mundo.

Menos mal que tengo libros.

Como escribí hace unos días, estoy tratando de recuperar mi escritora. En mis intentos, estoy buscando rodearme de otra clase de gente, preocupada por lo que se dice y no por que no haya viudas o repeticiones en los renglones o monosilábicos al final de un renglón. Mi compañía desde niña, siempre ha sido la televisión… y ahora tengo la oportunidad de editarla.

Me dispongo a leer The Book of Illusions de Paul Auster, mi gran consentido. Ya les contaré qué recupero de todo lo que he perdido estos seis años tratando de ser quien no soy.

PD: Joshua Jackson es tan guapo como Paul Auster interesante, y eso que Auster no es nada feo. Equivalentes paralelos en mundos completamente distintos.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Jay IU dice:

    Pues si te ha gustado Fringe y te gusta Paul Auster te recomiendo que leas Un hombre en la oscuridad.

    Me gusta

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