>Las diferencias entre ser escritor y ser periodista.

>Era 1996. Mi papá y yo viajábamos en el Vocho azul por Periférico Norte rumbo al pueblo de Tultilán para visitar a mi hermana. En esas épocas yo estudiaba en la Escuela de Escritores de la SOGEM. Me había inscrito tras haber “sufrido” la manipulación nepotista de mi padre y encontrar publicadas mis cartas de amor en la sección cultural del diario Excélsior.  Me sentí culpable por todos esos escritores que habiendo estudiado Letras o algo por el estilo no tenían ese lugar en el periódico.

En SOGEM le perdí el miedo a leer poesía y a las novelas de 300 páginas. Antes de esos años acompañada por José Antonio Alcaraz sólo había leído libros de psicología, teoría teológica, y Viktor Frankl era mi escritor favorito. Mi mundo entero se llenó de ficción y cada palabra que decía o escribía era aplaudida.

Un día llegué a la escuela y una de mis compañeras -una de las muy pocas a las que yo admiraba, estaba leyendo en voz alta uno de mis poemas publicados en Excelsior. Estaba extasiada recitándolo, como si al leerme el gusto fuera sólo de ella y no mío. Durante los tres años que estuve en SOGEM aprendí que si tienes buena ortografía sólo sirve para dejar de ser esclavo de las palabras y convertirlas en tus herramientas (Gracias Arrigo Cohen), que si tu infancia y adolescencia se parece a una novela de García Marquez tal vez valga la pena escribir sobre eso (Gracias Alejandro Cessar Rendón), que si tenías miedo de intentar algo en la vida real, siempre podías escribir sobre ello y vivirlo en el papel (Gracias José María Fernández Unsaín) y que si quieres escribir cosas importantes, lo mejor que puedes hacer es no intentarlo (Eduardo Cassar dix it).

En aquel viaje por Periférico mi papá iba inusualmente callado. Normalmente ocupábamos esos viajes para mentar madres sobre el gobierno local o para que me explicara por qué y cómo había hecho algo mal en la semana. Ese día ya habíamos recorrido más de la mitad del camino y él seguía callado. Asumí lo peor, asumí que había hecho algo tan malo que era imposible de discutir.

-Mija… entonces. ¿Esto de ser escritor es muy diferente de ser periodista verdad?

Respiré tranquilizada y dije con una sonrisa: sí pa, es muy diferente. Yo escribo lo que quiero, lo que siento, no lo que parece importante que escriba.

PD: Gracias a la Nena Monstruo por recordármelo.

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