>Las diferencias entre ser escritor y ser periodista. Parte 2.

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When you are too proud to beg
and too dumb too steal…

La frase del de este post la acuñó Gordon Mathew Thomas Summer, aka Sting; y me ha servido en numerosísimas ocasiones cuando me restriego de coraje por haberla cagado de nuevo, again, otra vez, en mi cochina vida.

Esta semana he sido cuestionada de una manera casi insoportable por ser como soy. Soy agresiva. Soy grosera. Soy, como dicen los gringos: in-your-face. Y eso aunque es apreciado en algunos círculos y en algunos momentos, no es apreciado en la mayor parte de los círculos y ciertamente en muy pocos momentos. Mi marido con mucha razón siempre me dice que tengo un dogmático, cerrado y cuadrado sentido de la rectitud y la ética y que eso me hace ser un pain in the ass y una sabihonda marxista hitleriana (eso es en palabras de la Nena Mounstro).

Me enseñaron que sé muchas cosas y que las cosas que sé son importantes y que además es mi obligación compartirlas. Todo iba bien hasta esa última instrucción. Soy así y creo que difícilmente cambiaré. Pero como bien dijo mi amiga la Momma Bun Bun (sí, mis amigas tienen nombre de personajes de cuento), mi bronca no es que no tenga trabajo, es que estoy buscando donde no me conviene buscar.

En teoría los periodistas deben ser in-your-face y un pain in the ass, lo que yo no sabía es que deben ser políticos y condescendientes, y amables y atentos con quienes firman sus cheques aunque sean brutales con sus entrevistados. Yo siempre he sido la misma para todos, igual de incómoda, igual de inoportuna e impertinente.

Entonces nunca funcioné como periodista, y nunca quise ser una. Siempre renegué del periodista en el que se convirtió mi papá en los últimos años de su carrera: dejó de ser ese hombre estricto con sus ideas y dogmático para escribir libros de autoayuda y biografías sobre políticos sospechosos para traer comida a la mesa. ¿Cómo voy a respetar a los periodistas si el que me enseñó quiénes eran y además era mi héroe y mi padre se me cayó como el Angel de la Independencia en el terremoto del 57?

Yo soy escritora. Ahí sí cabemos los groseros, los inoportunos, los incómodos, los que dicen estupideces sin sentido. Y no, eso no paga, no da quincenas. Yo abandoné a mi escritora por traer comida a la mesa, por intentar pagar las cuentas y por buscar un remedio a mi depresión contínua que tanto me espantaba y de la que tanto temí me destruiría. Lo que me destruyó fue intentar entrar al sistema. Dejé a mi escritora también porque sabía que las oportunidades de ganar dinero escribiendo eran mínimas, lo que no tomé en cuenta es que son igual de pequeñas intentando ser quien no soy.

Hace cosa de un año, el sobrino Julián me dijo con una cara seria como pocas veces se puede ver en un muchacho de 20 años: el problema es que todo mundo dice que no conseguirás lo que quieres, y están equivocados.

Cuánta razón tenía. Cuánta razón tiene. Y me lo repitió el día que me corrieron del más reciente gig como “periodista”, yo argumentaba que me corrieron porque no quiero entender que debo ser un adulto, tragarme las cosas, no decir lo que pienso, callarme cuando todos callan y él me interrumpió: Yo doy lo que sea, lo que sea con tal de nunca ser adulto.

Claro está, él es músico, yo escritora.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. >Amén, colega. Los últimos tres días me la he pasado haciendo coraje en la tuitósfera, feisbucósfera y demás "ósferas" virtuales atendiendo un buffet de estupidez colectiva derivada del "incidente" Top Gear, el Kalimbazo, las tribulaciones de Egipto y demás vainas que han sido "protagonizadas" por nuestros "periodistas" y "medios serios", ya que no tienen ni la ética ni la solvencia intelectual para cumplir sus respectivos papeles como guardianes de la verdad o difusores de la objetividad. Y mira que considerarme a mi mismo como periodista es tan absurdo como considerarme… eh… no sé… ¿escritor? Dejémoslo en "piedra literaria en el zapato", pues. O sea que escribo, y soy molesto e incordiante, sí. Pero no me puedes ignorar como autor hasta que me remueves de tajo de tu vida. Que es, por otra parte, mi intención autoral.Me da lástima saber que gente como tú y varios más tienen broncas para hallar ese nicho profesional que ocupan las legiones de los lamebotas y las camadas de los sin voluntad creativa, pero esa es la realidad y hay que combatirla de la única forma que sabemos: a punta de tzingadatxos (término vasco, creo). Yo llegué a la misma conclusión que tú (y tu sobrino) hace relativamente poco tiempo, y ya opté por buscar la felicidad cubriendo el máximo de mis necesidades económicas con el mínimo de lo que soy capaz de tolerar, profesionalmente hablando, para que el resto de mi tiempo me luzca escribiendo y creando lo que me satisface y entretiene la sesera. Si no lo hacía, acababa en el "maniquiur" comiendo cascaritas de pintura arrancadas de la pared y gritándole a las nubes. Ánimo y no claudique, mi estimada. ¡Abrazos!

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  2. Doña M dice:

    >Querido, muchas gracias por pasar por acá y detenerte a escribir. Justo ayer te buscaba para pedir consejo y mira, me leíste las ideas. No claudico. Ya lo entendí, tengo que dejar de disfrazarme. Ya ayer comencé nuevas rutinas para realimentar a mi escritora tan abandonada. ¡Abrazos amplios!

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  3. Zorombático dice:

    >Querida Doña Eme, hace un ratotote que no pasaba por acá, usté dispense; sin embargo, leerla siempre ha sido uno de mis máximos placeres, y usté lo sabe. ¿Me pregunto a qué potencia se debe encapsular la emoción y el placer de leer lo que usted no ha escrito? Simplemente escriba, no pare de escribir, desentúmase escribiendo y llegue hasta el final. Usté estará satisfecha, y sus lectores estaremos felices y llenos de placer. Un abrazo.

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  4. Doña M dice:

    >Querido Zorombas: leí su comentario mientras estaba en el café con la banda PataPirata. Es un día padre, se junta mucha gente que apoya el movimiento… pero usté sabe cómo soy con las multitudes. Por más que yo soy quien convoca, por más que es gente que no me juzga, me siento incómoda manteniendo un diálogo tan amplio. Su comentario me hizo sentir refugiada otra vez.Ando en la pura incertidumbre. La certeza de ayer se me perdió de nuevo. Hoy otra vez no tengo plan, así que me refugiaré en su abrazo. Se le quiere.

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