>Cómo enfrentar los días malos

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Desperté para escuchar que un amigo está desesperado porque no llegan las noticias que espera. Me preocupé. Hablé con otro amigo a ver si sabía algo de esas noticias. Abrí el periódico, me sentí Mafalda. Ayer renté películas y entre ellas: It’s fine (pensé mucho en mis papás y en cómo aunque ya no están siempre estuvieron y yo siempre estuve para ellos), Infierno (que no ayudó a que mi síndrome de Mafalda desapareciera), Cinco días sin Nora (que me hizo recordar que de haber nacido de madre judía pesaría 10 kilos más de los que peso).

El día no mejoraba. Ayer leí que los salarios mínimos en este país son comparables con los de Nigeria. Suena alarmante, pero si lo pienso bien, no sé nada de Nigeria. San Wikipedia dice: 
La República Federal de Nigeria es un país en el Oeste de África. Es el más poblado del continenteafricano. Limita al Oeste con Benín, al Este con Chad y Camerún, el lago Chad en el noreste, Níger en el Norte y el golfo de Guinea en el Sur.”

Con las palabras “más poblado” me siento en más confianza de creer que están pasándola igual de difícil o peor que nosotros.  Hoy me quedé sin trabajo fijo. Creo que considerando cómo están las cosas, me tardé en la carrera del desempleo, pero recuperé terreno porque mi habilidad para tirarme al vacío es grande. Soy la depresiva de carrera más rápida al precipicio. Sin embargo, mi freno de mano (una combinación de herramientas de uso como las plantas, los hijos canes, los amigos, y de herramientas de indispensable necesidad, como mi marido y mis medicinas) me permiten ir abriendo paracaídas en la carrera hasta que alguna respuesta finalmente me da impulso para salir del barranco. 
Una vez que me sacudí un poco la angustia -un poco, de verdad sólo un poco- me acordé lo que decía mi padre: “En este país, se es millonario si se tiene qué comer todos los días”. Eso se supone, era un consuelo para las épocas de pobreza, pero más que hacerme sentir mejor, me hacía sentir culpable por estar triste o preocupada por nuestro destino económico. Efectivamente tenía qué comer, es más, había suficiente comida para hoy y mañana. Pero no había para la luz, o los impuestos, o el teléfono… “No importa, tienes qué comer, la mayor parte de la gente no tiene”. Chingadamadre, es verdad. 
Salí al super, porque sí, sí tengo qué comer, es más, tengo dinero para pagar el agua y a eso fui. De camino al Superama me encontré a uno de mis limosneros favoritos. La palabra limosnero es fea porque es como la frase de mi papá: te hace sentir culpable, pero la verdad es que si mi limosnero favorito se dedica a limosnear es porque como yo, que me dedico a escribir, no ha conseguido trabajo. El es deportista, atleta paraolímpico de alto rendimiento. Entré al super, compré dos cafés de maquinita y chocolate para marido. 
Cuando salí le compartí café a mi atleta: “Mano, tienes una habilidad para venir los días en que más necesito que me recuerdes lo chingones que podemos ser…” 
Mi atleta se aparece pocas veces, y las limosnas que pide no son sólo para él, si no para el centro que ayuda con ellas, donde a su vez, le ayudan a él. Cadena infinita de favores, asistencia pública que lejos de la institucionalidad siempre está llena de voluntarios que andamos taloneando la vida persiguiendo a la chuleta, que como mi atleta, es olímpica. 
Hoy funcionó la receta de mi papá que en resumidas cuentas se reduce en: siempre hay alguien en peor situación que tú. Pero como ya estoy grandecita y ya le puedo enmendar la plana, agrego: y el hecho de que esté peor que tú y pueda con la vida, quiere decir que tú también puedes. 
Los días malos caen con todos los avisos posibles. Incluso cuando hay accidentes. Para aquellos que hemos vivido en depresión es fácil sentir un ligero cambio en lo que de por sí siempre es cuesta pa’rriba. Mi solución siempre ha sido ocuparme, distraerme, ir en contra de lo que me pide el cuerpo (que por lo general es dormir). 
Hay que estar en vigilia, prevenidos, con nuestras mejores herramientas a la mano y nomás para espantar un poco más a esos que están por venir, hay que chiflar quedito alguna canción tonta… 

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