Mastretta MXT: Arte objeto

Ya les he contado cómo me enamoré de los coches, pero para quienes no leyeron esos múltiples posts, les resumo:
Me casé con un motor head. Mi casa alberga al menos 500 autos a escala y en esta casa se consideran productos de la canasta básica ejemplares de Car UK, Automovil Panamericano, cualquier libro de mesa sobre autos, y por supuesto, Gran Turismo. Mi marido me contó sobre cómo Enzo Ferrari creó su marca, sobre el Dino, y sobre todo, me platicó del Enzo. Un día vi uno en la calle, dentro de la agencia de Ferrari. Me bajé del coche aún estando en movimiento. No podía creer que algo tan hermoso y tan austero al mismo tiempo existiera de verdad. Yo sólo lo había visto en papel, en la tele o en mis reproducciones a escala.
Cuando trabajé en Autoplus y mi gran amigo, el Dear Carlos Sandoval me contó sobre Mastretta, casi lloro. Antes de los coches, antes de manejarlos y escribir de ellos he sido entrevistadora por más de una década gracias al espacio que me da la revista Líderes Mexicanos. En esa revista terminé de aprender lo que mi papá me decía siempre, tal vez no con esas palabras, pero sí con su ejemplo: en este país hay más talento y más voluntad que en ningún otro. Es simple: tenemos todas las de perder y todos los ingredientes para ganar, y aunque eso es una receta para el desastre, apesar de eso existen compañías  que en el mundo ocupan los primeros lugares, escritores que son reconocidos como el punto de referencia en la poesía, cantantes que conmueven a todos los demás, pintores que marcan escuelas, médicos que generan procedimientos que parecen sacados de novelas de ciencia ficción…
-¿No estaría chido que el primer coche mexicano fuera un coche… no sé, como más para todos?, dijo mi sobrino Julián cuando le enseñé la carpeta de prensa del Mastretta. -No, contesté. Hacer un coche que esté al alcance de todos es hacer las cosas como las hacen en India: vamos a hacer autos de juguete, para que la gente pueda decir que tiene un auto aunque no se atreva a decir que es de juguete.
El Mastreta MXT es un auto deportivo que compite directamente (por su tamaño y dinamismo) con el Lotus Elise.  (Si me pongo muy técnica, por favor googleen los datos, les juro que vale la pena aprender de autos). El Lotus es un auto principalmente inglés. De la misma manera en que el MXT es principalmente mexicano (el motor es Ford, el diseño, la construcción y la manufactura se hacen en Toluca, la gélida).
Daniel Mastretta es el mero mero encargado de hacer que este auto exista. Carlos Mastretta, su hermano, hizo posible que hubiera varo para que existiera. Y entre los 500 invitados a su presentación en el exconvento de San Hipólito, tal vez 200 son responsables de haber puesto ese varo.
En su presentación en el Salón de París, se vendieron más de 150, en Londres hay hay pedidos por las mismas cantidades. En la presentación en México, en lo que Carlos Mastreta bajó del podium a platicar con los invitados, vendió tres de los 30 que hay en edición especial. Si yo tuviera 56 mil dólares, o si me sacara la lotería hoy mismo, antes que pagar mis deudas o comprarle una Odyssey a mi hermana y legalizar a mi sobrina, me compraría un MXT. Así de importante es este auto para la historia industrial de este país.
No sólo es un auto precioso por sí solo (está hecho con un buen gusto digno de cualquier armadora de lujo), no sólo es rápido y ligerito como un chiita, es un auto mexicano, es un auto que le apuesta a la gente que quiere gastar varo, harto varo en México. Es un auto que dice: en México se pueden hacer cosas de primer nivel, como Pineda y Covalin, como Talleres Ballesteros, como la comida que desde la semana pasada es patrimonio intangible de la UNESCO. No es un vocho, es un Porsche GT3. Es lo más alto de lo más chingón de lo más cuidado que hay en la industria automotriz de este país, que es grande, enorme, que genera un montón de vehículos para todo el mundo. Y lo hicieron mexicanos, para el mundo.
Los autos son para los hombres, como para las mujeres los chiles en nogada. Hablo históricamente, no contemporáneamente. Para los hombres crear algo que sea útil, pero increíblemente fuerte y poderoso es como para nosotras tejer con cinco agujas y hacer un par de calcetines. Ambas cosas están hechas con el amor profundo que tenemos para el que nos inspiró a trabajar, y con el orgullo abrumador de ser los fregones que somos.
Me encantaría decir sólo felicidades a los Mastretta, pero no me sale. Sin que yo haya movido un dedo por ese auto, este logro es tan grande para el país que lo siento propio.
Si quieren conocer el coche, den click aquí: http://www.mastrettacars.com/
Si tienen 56 mil pesos de sobra, cómprense uno. No lo piensen.

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