San Jaime Sabines, líbrame de ser popular

Me desperté con la noticia de que mi cuenta msn está hackeada; y la noticia cae sobre un par de sueños paranóicos y la lectura sobre la pérdida del anonimato de So, autora de blogylana.com y un intento de fraude de unos gringos (sospechamos) que fingen comprar aparatos en Latinoamérica para enviarlos en calidad de emergencia a Nigeria. Sip. Así de ilusa fui y casi les vendo mi MacBook.

Total que en estos tiempos, ya no sé si cuidarme al salir de la casa o cuando estoy conectada.

Afigúrense: Regresé hace 15 días de un viaje de prensa donde manejé reteagustísimamente las nuevas Porsche Cayenne. Sí, púdranse de envidia. Me llevaron a Chiapas en avión y manejé a Oaxaca acompañada de los integrantes más finos de la prensa automotriz… y algunos colados. Me desperté en Huatulco, en el Quinta Real de Huatulco, donde pasé la noche en medio de un monsón de agua cálida que hacía música en mi alberca privada con vista al mar. Aínomás…

La travesía fue gloriosa, tuvo de todo, incluidos sus retenes militares y sus escoltas de policías federales (qué guapotes están, por cierto). Pero pues vivimos en un país que está en guerra, y no es de esperarse que las carreteras del sureste sean la mar de tranquilidad.

A la mañana siguiente del regreso a casa, me encuentro con la vecina al salir del edificio y me ordena: Ni se te ocurra ir al súper. Acaban de asaltar. Mira, mira (señala al parque a lo lejos donde dos muchachas corren llorando rumbo a la Iglesia), mataron a no sé cuántos, como cuando el asunto de los narcosatánicos.

JUAT?

Y yo con mi blockcito de recibos de honorarios rumbo a la imprenta para ver si de milagro cobro algo de lo mucho que me deben los negocios establecidos que producen revistas en este país. Chale.

Efectivamente, como supe después, murieron tres personas en el Superama que hacía 20 años había visto llover dólares y cadáveres.

Mi cuenta hackeada… me cae que no es el narco, pero estoy segura que fue un chismoso que le dio por decir mentiras sobre el narco.

Oh… maravillosos ocho caracteres que protegen nuestra identidad. Si tan sólo nuestro inconsciente tuviera una clave de acceso tan sencilla, me ahorraría tanto en chochos y terapia.

Ahora, uno es una nadie -orgullosísimamente-, lo que uno escribe es chiquito y divertido para un selecto grupo de personas que padece autismo pero no lo sabe. ¿Se imaginan lo que le pasa a la pobre, indefensa de Pau Rubio? Con tanta mamada que dice, yo ya le habría hackeado su cuenta para que no se presentara… aaaah, no, mejor no.

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