Esa no soy yo en el espejo II

Empecé a escribir un comment para contestarle a Zorombas y Özer y se hizo tan largo que pensé era mejor escribir una segunda parte. También porque en el Facebook, donde se redirecciona este blog, gente que me quiere me ha dicho las mismas cosas. 


Yo les agradezco mucho los consejos. De verdad. Cuando he estado en mi peso, también he dado esos consejos. Sé cómo bajar de peso, sé que debo hacer ejercicio, sé que vale la pena. Pero me doy cuenta que no escribí lo que quería decir. Estoy harta de subir y bajar. Estoy harta de que mi cuerpo se vulnere tan fácilmente. Mi problema no es estar gorda (no lo disfruto, pos supuesto, pero no es mi problema), mi problema es la comida. Es lo que lleno dentro de mí con la comida. 

¿Tienen alguna adicción? ¿Fuman por fumar? ¿Toman por tomar? ¿Se meten al tuiter y no paran de tuitear y hasta se fastidian pero siguen ahí?  Eso es una adicción. 

Y así como puedo comer sin parar, puedo no comer por días. Puedo ponerme a dieta, hacerla religiosamente. Escribir de sus beneficios y decirle al doc (por que sí, he ido con el doc y con el entrenador profesional y así) lo feliz que soy, lo bien que me siento.

Creo que ahora me pegó claramente porque gracias a las medicinas, no me siento detenida por mí… por mi cabeza y mis ideas para hacer lo que quiero. Y ahora mi cuerpo está pesado y se cansa porque yo tengo más energía que antes. Las medicinas psiquiátricas (los docs dicen que no, pero los pacientes decimos que sí), pero sobre todo los antidepresivos, tienen este efecto de incrementar las ansias que en los depresivos de carrera, suelen ser por comer. 

Yo sé que estos 10 kilos no son del Prozac, ni del Epival. Son míos toditos, pero ayudan las pastillas. 

El otro día salía del consul de la psiquiatra y pensé: “gorda pero feliz”. Asumo que de ahí salió el refrán. A lo mejor en los 80, cuando el Prozac se volvió la panacea, y la gente empezó a sentirse feliz pero gorda… No sé. Cosas de pacientes. 

Hoy hice ejercicio. Ayer hice ejercicio. Planeo ir con el amigo Julián a caminar como anoche por Reforma. No me gusta, lo odio, me siento estúpida haciéndolo. Pero mi cuerpo ya no tiene 23 años y ya no baja de peso sólo comiendo bien. 

Debo aclarar que no creo que valga la pena, en términos netamente hedonistas, esto de comer como pajarito pura cosa que sabe a cartón (y me disculpan, pero el Special K y las galletas de avena y los panes con fibra y la soya texturizada saben a cartón -no le digan a mi marido que dije eso por favor). 

Me caga saber cómo le va a la vaca antes de ser procesada y empacada bellamente, limpiamente en un plato de asqueroso unicel pero me caga más saber que sabe deliciosa. No soporto cómo se ven los camarones, y los últimos camarones que comí en mi vida, para colmo, estaban feos. Pero por sobre todas las masacres animales por mucho que adore el tocino, los tacos al pastor, las chuletas ahumadas y mi guiso de puerco a la guayaba, no  puedo volver a comer puerco sabiendo que son desangrados hasta morir. 

Para colmo, no puedo comer tanta azúcar como quisiera. Y quisiera comer toda la que hay en el mundo mezclada con cacao, con nueces, con las harinas más cernidas y aireadas en mantequilla suavizada. Preparar los pasteles de café con nueces y chocolate drops más esponjosos y servirlos con café con leche. Hacer brownie de chocolate y servirlo con helado de vainilla…

Quisiera volver a tomar alcohol sólo para tomar cocteles. Piñas coladas, Daiquirís de fresa y Margaritas de mango. Plátanos flameados con Cognac y salsa de caramelo de Bailey’s. 

El tema es que no puedo. No puedo y además ya me harté de vivir presa de mis antojos, de ver algo en la televisión, un guiso cualquiera y tener que comer aunque no tenga hambre. Así que ahora, tristemente, justo como me acuerdo que es estar a dieta y finalmente estar en tu peso, estoy comiendo a mis horas, las raciones adecuadas, de las comidas adecuadas. Haciendo ejercicio tres veces al día, dos veces cardio, una vez anaeróbico. Y pensando que sí, moriré como mi papá: deseando toooda la vida ser flaco y poder comer lo que uno quiera sin mover un dedo.

En fin, muchas gracias por los ánimos. De verdad me apapacha mucho que quieran que pueda con esto, que vea lo sencillo que es. Ya volveré a estar ahí y hasta escribiré que no entiendo a la gente gorda. 

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