>Me quiere, no me quiere…

>“¿Ya nadie te cae bien verdad?” La pregunta fue formulada ayer, a las 9 de la madrugada, desde las bajezas de mi ventana. El interrogador se alojaba en un Mazda 6 nuevecito y me preguntaba un poco sin agenda doble otro mucho con ganas, creo, de hacerme salir de un clóset en el que estoy segura, no vivía.

¿Cuántas de las personas con las que lidias todos los días te caen bien? Haz cuentas. Cierra tus ojitos y piensa en el que tienes enfrente en el cubículo de tu oficina, en el despachador del Seven abajo de tu trabajo, en tu jefe, en tu vecino, en tu arrejunte, tus hermanos. ¿Cuántos te caen bien?

Hace un tiempín, como saben muchos de ustedes, dejé de hacerme las ilusiones de que de mis 5 hermanos alguno se portaría conmigo como tal (y que quede claro que también me pregunté si yo podía ser recíproca). De todos los que tengo me caen bien dos, pero simplemente como hermanos son chafa. Los que tienen potencial de hermanos son aburridísimos como personajes. Algunos están demasiado desconectados de la realidad como para poder establecer una relación.

¿Qué hace que alguien te caiga bien, como sucede con ciertos tipos de leche o cafés? ¿Por qué hay gente con la que simplementete aflojas, te relajas y te sientes cómodo y otra con la que tienes el esfínter a punto de provocar tumores?

¿Será puro espejeo? ¿Cuánto de eso que vemos en los demás es en realidad algo que no nos atrevemos a ver en nosotros o de plano algo que ya nos tiene hasta la mauser de lidiar constantemente?

Ayer mi agenda se llenó completita de mis 4 actividades principales: en la mañana atendí hijos y recordé lo molesto que es que a cualquier hora estén dando lata. Me muero porque se hagan viejos y sean los perros perfectos que todos los humanos huevones queremos: sedentarios. Luego fui a la tienda, y atendí clientas listas que saben que no me necesitan a cada punto que tejen y clientas francamente odiosas, que necesitan que uno las esté viendo absolutamente todos los segundos. Llegué a casa, limpié un poco el desastre este de vivir y al final escribí.

Tejer es una cosa que me da satisfacción instantánea. Nomás agarro las agujas y me siento relajadita, hasta oigo la playa en el fondo. Ser mamá, como bien decía la mía, es un trabajo muy ojete. Ser ama de casa es gratificante y ligeramente martirizador pero no me siento tan identificada con eso. Ser escritora… is such a pain in the ass. Odio escribir. Odio odio odio la méndiga página en blanco. Odio sentir la diarrea de ideas atorada en la cabeza, bajando por mi cerebro como cera líquida que no termina de caer en ningún lugar. Odio con todas mis fuerzas los deadlines. Los odio y si no los tengo, no escribo. Me caga el proceso, me caga ir llenando la página y darme cuenta que me faltan 3 mil golpes, que me sobran otro tanto. Que el artículo en cuestión sé, no será leído por nadie, porque las fotos son más bonitas, porque nadie quiere leer, porque todos son escritores ahora. Me caga. Me deprime…. pero acabo la méndiga página y siento clarito como todo mi cuerpo se relaja, y no sólo se oye la playa sino el mesero que me trae una conga perfecta y un plato de camarones con pico de gallo.

Hay personas en mi vida que son como tejer y escribir. Es una lástima que sea más fácil llenar mi vida de aquellas que son instant gratification y que las otras, las que cuestan un huevo pero saben mejor, sean más difíciles.

Such is life in this tropics.

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