>Pero si todo puede ser tan superficial y divertido…

>¿por qué en mi galaxia es imposible?

Asistí al espectáculo Fuerza Bruta ayer, invitadota por Toyota. Y como ya no soy prensa, ya no me dio culpa aceptar el chayo.

Vamos bien.

La verdad no sabía que a eso íbamos… las marcas nunca te dicen esas cosas, “te dan la sorpresa” in situ. Pero pos nomás con que veas el letrerote al llegar a la Carpa Santa Fe te enteras.
Cuando era niña, antes del divorcio de mis apás, todos los viernes me llevaban al teatro. Vi más de 20 veces El Diluvio que viene, José el Soñador, El violinista el en tejado, Las Leandras… Leugo se divorciaron y se acabó todo, el teatro, la Navidad, el Año Nuevo, todo.
Así que como es lógico, 1+1=2, odio el teatro, cualquier espectáculo que reuna gente y que la obligue a atender a una cosa en común.

Con los años fui sofisticando ese miedo: primero fue a las multitudes (y tuve que meterme 3 Inmigranes para ir al primer concierto de U2 en México.. único concierto al que he ido). Luego cuando estudié en SOGEM, aprendí a rechazar todo arte “mal producido”, y me concentré en las bambalinas, en lo que hizo que la escena se vea así. Incluso en el cine. Me convertí en el peor acompañante para ir al cine. Incluso para ver la tele.
Luego aprendí a odiar a los espectadores, cuando nadie entendió la escena cameo en Analize me; cuando después de leer Esperando a Gordot decían que era una pendejada de drogados. Cuando resultó que La Tigresa del Oriente tiene más clicks que los videos de cualquier otro “cantante” que si quiera estudió dos minutos.

Y con todos esos achaques y chaquetas, me metí a la Carpa y vi Fuerza Bruta.

No salí corriendo incluso cuando todos te empujan como en el Metro.
No terminé llorando de angustia, aunque sí lloré de emoción.
No me agarré a golpes con el estúpido imbécil que llevó a su hija de menos de 10 años y la empujaba hacia los bailarines cuando ellos se acercaban.

Lloré de emoción con las “mujeres delfines”. Me felicité a mí misma por no querer regresar a una oficina con la escena de “tirar los muebles por la ventana”. Adoré no fumar cuando el restaurante “se va”. Y lo mejor: yo, que hace siglos que no pago por ir a un espectáculo, que tengo el mejor museo gratuito a dos cuadras (Reforma), que jamás aplaudo a menos que de verdad valga la pena…. Gastaría 550 pesos en regresar.

Es lo mismo que me cobrarba la psicoanalista por 45 minutos. Y los pagué durante 7 años. ESto dolió igual, satisfizo igual, pero fue mucho más efectivo.

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