>Esperando desde 1998

>Estaba en segundo año del diplomado de SOGEM y mi papá me pagaba un vicio muy caro: cartera abierta en la librería de la esquina. No era una gandhi, pero era una librería y ahí me pasaba parte de la mañana urgando entre los ejemplares de las mil cosas que quería, tenía o moría por leer.
Después del tercer semestre me dio por la literatura infantil. Aline Petterson, maestra mía, es autora publicada no sólo de novelas serias y formales, sino de libros para niños. Y yo, tal vez porque soy insegura, tal vez porque todos los escritores somos vanidosos y frágiles, creía que en la literatura infantil podía encontrar un espacio. Escribí Noche de Perros antes de que Iñarritu hiciera inusable la frase, la novela explica que en las tormentas no sólo hay truenos y rayos, hay gatos y perros que se persiguen mientras caen los diluvios. La he pulido desde hace 10 años. Tal vez un día la publique.
En esa búsqueda de autores de literatura infantil me encontré con que compañeros míos había publicado novelas exitosamente en Barco de Vapor. Me deboré unos 30 títulos… y cuando menos 15 de ellos están en mi Top 100 (Con los libros no se puede sólo tener Top 10).
Así encontré Harry Potter y la Piedra Filosofal de editorial Océano. La ilustración en portada corresponde a la edición inglesa, no a la norteamericana que hoy se ha vuelto famosa. Era de pasta dura y la recubría una marialuisa amarillo pollo.
Era viernes. Acabé de trabajar, y me acabé el libro en una sentada. Por aquellos años escribía en Excélsior, con poco éxito incluso entre mis editores. Reseñé el Harry y cuando acabé la cuartilla me di cuenta que este libro, era el Alicia de esta generación… pero que esta generación tiene Internet.
El segundo libro, Harry Potter y la Cámara de los Secretos, también lo conseguí en español, por Océano. Igual mantenía las ilustraciones inglesas. La película ni siquiera se estaba filmando, era un rumor y los libros no se habían vuelto populares aunque ya en SOGEM los criticaban bastante.
Entonces me enamoré de la idea de mí como escritora infantil. Leí que J.K. Rowiling acababa de firmar el mejor contrato editorial en la historia de la industria. Y me emocionó pensar que una escritora se podía volver multimillonaria por… escribir. No es el dinero, es la desmitificación de la pobreza y la bohemia. Pero claro, los medios se encargaron de hacer de la Rowling un icono inglés que toma café de 10c y escribe en servilletas.
Para entonces ya tenía un tatuaje en el ombligo. Me lo había hecho al cumplir los 18 y siempre supe que me haría más. Vivía con Héctor Guzmán, fotógrafo y apasionado lector. Le enseñé mi amor por estos libros pero la película ya había salido… ya todo era como menos… íntimo. Alguna vez comenté que quería tatuarme el logo de Harry, una especie de promesa, de recordatorio: en mí existe esa que puede escribir novelas, se trata de perder el miedo.
Héctor y yo tuvimos una relación muy tormentosa, en una reconciliación me lo encontré con el logo tatuado. Me llevó con el rayador y me tatué. No, no fue obligado, no me forzó ni nada por el estilo, pero estaba coartada a hacerlo. Héctor había involucrado en mi intención por tatuarme, sus ganas desesperadas por hacer que nuestra relación funcionara.
Un mes después, en una fiesta, les dijo a sus amigos que mi tatuaje no era por Harry Potter, sino por Héctor Porfirio, como se llama él.
Me sentí justo como él me medía, como un animal marcado por su granja. Dos años después, conseguí mutar ese tatuaje en otro, y un cover up me ayudó a fijarme otra meta.
Han pasado… casi diez años desde que leí Harry por primera vez, han pasado casi 7 desde que me hice aquel tatuaje que, por petición mía, todavía se ve bajo el que lo cubre. Me tomó todo ese tiempo, y la inevitable llegada del final (mañana, por fin) entender que no podía dejar que ese buen recuerdo se nublara por las palabras dolidas de alguien que me quiso infinita pero dolorosamente.
La promesa de ser una escritora infantil se ha ido esfumando cada vez más. Los tatuajes han aumentado en tamaño y número. Hoy escribo de coches, y no tengo el mejor contrato de la industria. Las películas me quitaron la intimidad de ser fanática de culto… pero imagino que en septiembre de 2018, cuando el libro cumpla 30 años, y yo tenga 42… Noche de Perros tal vez, tal vez, esté terminada.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Anonymous dice:

    Si… en realidad nunca amé a nadie así… aún hoy escucho algo sobre Mr Potter y me acuerdo de aquello… con nostalgia, con mucho gusto (ahora tengo una sonrisa idiota en la cara). Conmigo siguen los tatuajes en la piel… y aquellos que están debajo, los que menos se borran.A.C.A:H.P.

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