>Making it clear

>Para quienes no lo sean aún mi sobrina, mi adoradísima Nacalia, ha estado escribiendo un blog en 43things. Su post más reciente describe cómo, una vez que uno se volvió un poco loco y regresó de ese lugar, cuando uno es cuestionado sobre tal o cual síntoma, logra describirlo sin cortapisas, sin mayores excusas. Y entonces, todo es claro, y nos hace sentido no sólo a los escuchas sino al interlocutor itself. (Tal vez ese párrafo no es el mejor ejemplo…)

Este fin de semana me encontré en un intento bastante chafa de explicar uno de esos síntomas al Emperador Galáctico. Verán, anduvimos en un fashion Mègane CC rojo, para hacerlo más contundente. Cuando salimos el viernes rumbo a tierra santa Satélite, presionamos el botoncito mágico y esperamos 17 segundos para ser liberados del techo opresor. Ya en Periférico, 10:30 de la noche, viento en la cara, miradas que nos siguen sorprendidas y curiosas, un sentimiento… una sensación o las dos cosas mezcladas se apoderaron de mí. Una especie de orgasmo zen.. en vez de esa especie de infarto que da cuando llegas al clímax y que se va repartiendo desde el centro de tu cuerpo hasta tus extremidades, acompañado de un calor intenso, ahora sentía una oleada de calma. Algo así como cuando después de un viaje largo, una llegada compleja al hotel, un rush espantoso por encontrar tu traje de baño y un sprint poco elegante a la alberca, te detienes en la orilla, y en vez de zambullirte, vas entrando poco a poco. El agua toca tu pulgar, cubre el empeine, el talón, y va bañando lentamente las pantorrillas dejando que la cualidad fresca del agua y el clima cálido del aire se combinen. Entonces, es facil seguir por los muslos, el vientre, en las costillas se siente una especie de tensión y el aire se contiene en una inspiración nerviosa, pero entonces, mágicamente, exhalas y todo se vuelve perfecto: el agua está a la misma temperatura de tu cuerpo, y tu mente, viajó suave pero rápidamente al fin del horizonte.

Así estaba yo, pero en Periférico, viendo a lo lejos las Torres de Satélite mientras los compañeros de carril tenían cara de oficina.

¿Recuerdan esa canción de cuna… esta niña linda, que nació de noche, quiere que la lleven, a pasear en coche? Yo nací de día, pero fui programada, igual y me tocaba el 21 a las 10 de la noche… La cosa es que desde niña lo único que me consuela (porque es eso, una sensación de consuelo) es viajar en coche. Sentir la velocidad en el aire golpéandome el rostro, mientras mi cuerpo siente flotar por encima del paisaje que considero más hermoso: una ciudad con todas sus luces tilitan.

“Es que a todos nos gusta la sensación de flotar nena, porque se parece a volar. Pensando en eso qué bueno que le tienes miedo a las motos, porque eso sí sería lo más cercano. Si por eso se volvieron populares, porque cuando los gringos regresaron de la Segunda Guerra Mundial y los bajaron de sus aviones no había nada que los consolara más que las motos”, dijo el Emperador en su grandísima comprensión de su Universo.

Mi sobrina describe el momento de vomitar como ese segundo en que puedes controlar la velocidad en la que va el mundo. Y creo que nunca había escuchado una explicación más clara para el consuelo que da detener la locura. El Emperador, que es un ser cuerdo, no entiende ese consuelo, pues no tiene necesidad de él. A uno, que le faltan un par de balatas… bueno, me entienden.

Hace muchos años, cuando estaba en terapia, la psicoanalista me explicó (mientras tratábamos de entender algunas conductas de mis colegas de sangre), que algunos enfermos psiquiátricos consiguen consuelo a esta ansiedad exaltada que es la locura, en flotar, porque te desconecta, ya sea en una alberca o por métodos menos convencionales: drogas, sexo, vomitar, cortarse, colgarse de argollas colocadas en su espalda (¿Se acuerdan de esa escena en The Cell?), los aplausos, y claro, la velocidad.

Como siempre he dicho la locura no es otra cosa más que un botón de volumen descompuesto. Es sentir todo muchas veces más “fuerte” de lo que el resto lo siente. Así que como todo se vive intensamente (rápido, como en fwd speed como dice Nat), se requiere o de velocidad luz, o de frenos de emergencia para medio acordarse de lo que se siente andar en velocidad normal (y ahí está la fregadera, porque habemos quienes normales, vamos a 180Km/h, pero hay quienes con 60Km/h tienen… Entonces, si uno es un Panda 4×4 e intenta andar por la vida siempre a 120Km/h, segurito acabas con las transmisión jodida, ergo, loco).

Un día, cuando tenga como 60, quiero volver a tener un auto descapotable, de estos modernos que con un botón te liberas del techo opresor. Por ahora, creo que sigo necesitando mis 180Km/h… Sí, el Mègane es leeeento. Aunque tal vez, para cuando tenga 60, ya haya en México algo como un StreetKa convertible a precio razonable y con techo duro, unos 200Hp, motor FlexFuel, 4×4… Eso no es sueño guajiro ni locura… espero.

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