>El desface editorial

>Este negocio, el de publicar, siempre ha sido un poco ezquizofrénico. Cuando veía a mi papá escribir sobre eventos que aún no sucedían pero eran previsibles, me entraba una angustia que recorría desde el extremo menos pudoroso de mi aparato digestivo, hasta el más evidente. Siempre me preocupó que aquella caída de los precios del petróleo no fuera la que Mota anunciaba, o que tal personaje político no fuera a asistir a la Cumbre Económica mientras mi papá ya asumía la reacción del resto de los mandatarios.
Nunca tomé en cuenta los dos factores que en 1980 dictaban las reglas del periodismo, el primero, no había Internet. Las noticias eran lo que los columnistas decían, hasta que un fotógrafo que se desplazara al lugar de los hechos, tomara una impresión, la revelara, imprimiera y pasara a la mesa de redacción, probara lo contrario. Para ese momento, decenas de eventos habrían sucedido, y los periódicos se llenaban de especulaciones, permitiendo que tanto lector como escritor, se volvieran cada día más familiares con los nombres de los protagonistas, los lugares y las circunstancias.
Ahora, todo es tan estúpidamente rápido, y la información es tan basta, tan llena de eventos, que no sabes ni por dónde ir, y todos los análisis posibles se vuelven especulaciones.
El segundo factor es la experiencia. Para cuando yo estaba consciente de que mi padre era periodista, esto es… por ahí de 1981, mi papá ya tenía más de 25 años escribiendo. Ya era “teacher”, ya había formado generaciones de periodistas, y ya había enterrado a sus maestros.

Ayer leí la noticia de la muerte de Ryszard Kapuscinski. Hace dos semanas murieron dos de mis maestros: Arrigo Cohen y Alejandro Cessar Rendón. Ya enterramos a José Antonio Alcaraz y a Hugo Argüelles y claro, a mi papá. Fregadus estamus. Y las noticias por Internet nos van dejando cada vez más solapos. ¿Al paso en el que se generan las noticias, al paso en que las celebridades nacen y mueren, a qué jijas horas da tiempo de que un periodista se vuelva maestro?, ¿de que un escritor analice?

Últimamente he tenido un poco de vacío literario… Últimamente…. desde hace un año. Nada me provoca querer comprar un libro y acabármelo de dos sentadas. Nada me provoca escribir una novela. Nada. De ocho meses para acá, sólo escribo de caballos de fuerza, de récords de venta o de pérdida de armadoras internacionales, de reglamentos de tránsito y suspensiones McPherson, EDB, ESP, y muchos otros etcéteras tecnológicos que se reescriben miles y miles de veces de prueba a prueba.
Por fortuna, en este ezquizofrénico mundo editorial, donde debes escribir no lo que sucederá mañana, sino en dos meses, queda algo de tiempo (no sé si en el pasado, el presente o el futuro), para escribir aquí y leer el más reciente regalo: Devil wears Prada de Lauren Weisberg.

Yo me quedé en la época en que Saramago estaba in porque se había ganado un Nobel. Ahora resulta que hasta los best sellers de aeropuerto son buenos. A mí que me habían enseñado que sólo lo más rancio, lo menos publicitado, lo más complejo era lo digno de leerse… ahora leo novelas re-editadas tras el estreno de la película, con portadas diseñadas gracias a los posters…. Y para colmo, leo sobre editoriales esquizofrénicas…

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Chak dice:

    >Algo parecido me pasa a mí. Hay tanta información diaria, y tan cambiante, y tan diversa que al final del día al final de la semana y al final de todo uno sólo sabe que sabe mucho, pero no significa nada.Un saludo

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