>Nada dice mejor: “Tienes 30”, que…

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1.- Caminar por los pasillos de Pericoapa, donde los puestos de música pirata (puaj) tocan los últimos hits de Belinda y el reguetón que estará de moda por los siguientes cinco minutos, y encontrar en un puesto perdido entre ropa hecha en China, etiquetada en México, un monitor que muestra el video de Shes got the look, del dúo sueco Roxette. Empezar a cantarlo sin darte cuenta y rockear con sus poperos ritmos, mientras tu marido, tres deliciosos años menor que tu, te ve con cara de: “Sí, esa rola la cantaba mi hermana”.


2.- Que te cuenten que en una fiesta de disfraces, un par de monas fueron ataviadas en Flash dance perfonmanceras, y que tu sobrino, cuando se lo platicas, diga: “Ah sí, esa película ruquita de la minera que baila”. By the way, ese mismo sobrino no entiende el gran, entretenido, maravillosamente producido chiste que es Moderatto, porque claro, sólo tiene 19 años y no tiene la más remota idea de que el pop no es Belinda, OV7 o Kabbah (q.e.p.d), sino Christian Castro y Fandango.

3.- Pararte en un aparador de ropa para chavitas, creyendo que tú todavía lo eres, y ver salir a una adolescente, literalmente con un cinturón ancho –para colmo, tableado- fingiendo que es una minifalda. Complementar tu cara de horror con la misma frase que decía tu madre cuando te pusiste la primera chemisse a medio muslo: ¿y ese cinturón engordó, o te crecieron las piernas? (Sorry, no tengo fotos ni de las nuevas minifaldas, ni de mis piernas en minifaldas ochenteras).

4.- Tener planeado ver el homenaje a Raúl Velasco, sin culpa alguna. Despertar con la noticia de que ha muerto y sentirte ligeramente traicionada en tu niñez. Juntar en promiscuidad absoluta, tu recuerdo de la primera vez que viste a Luis Miguel, mucho antes de que fuera el mamón malagradecido que es hoy, envuelto en golden hot-pants, cantando aquello de… “Cariño mío, somos tú.. y yo, los dos. El pájaro y la flor, y tu, y yo, lanzamos el amor, y tu y yo, directo al corazón, al corazón…”.

5.- Viendo el susodicho homenaje, descubrir que todavía lloras con eso de “hoy tengo que decirte papaaaaaaá”, pero sobre todo con eso de “y la vida venceré”, porque ya no lo conjugas en futuro, sino en presente.

6.- Todavía me sé la letra de Chicas de hoy (tururú tururú). Y lamento profundamente que aunque Tatiana hace unos esfuerzos hasta respetables por mantenerse al día musicalmente (¿qué tal la mezclita reguetonera?), sigue haciendo el pasito Vanilla Ice, que se ve taaaan ochentero.

7.- Que tu sobrina ligeramente más joven que tú (ojo, más joven), te salga con el cuento de que el simple hecho de que te vuelvas treintona, la hace sentir vieja, sólo porque ella cumplirá “un cuarto de siglo” (para colmo, cliché).

8.- ¿Saben que hay gente, que no son sus sobrinos o sus primos chiquitos, que nacieron en los mideighties? Qué horror.

9.- Treinta años para mí, no es ser vieja, o estar en vías de. Siempre pensé, desde bien chavita, que tener treinta era símbolo de ser libre, de ser dueño de uno mismo, y eso es ser joven, ¿que no? Cuando me fui de Televisa la semana pasada, el über-cheese (me aprendí esta palabra hace unos días gracias a la paciencia del buen Sam Porche) Motorpressiano me preguntó retóricamente si ese era mi primer trabajo. Yo sé que lo dijo en ese ánimo de las negociaciones, en ese estira y afloja en el que te elevan el autoestima por los cielos y tres segundos después de la bajan para hacerte sentir poquita cosa y tener miedo de irte. Sé también que ni él ni me jefe inmediato leyeron mi curriculum. Así que está en todo su derecho de creer que MotorPress fue mi primer trabajo, pero mi vanidad, que siempre sale al quite cuando me bajan la autoestima, me dice que me veo más joven de lo que soy (y eso es mucho).
Este magnífico logro de la juventud eterna se la debo al Marido y al oficio de la tecla. Primero porque el Marido (no me cansaré jamás de presumirlo) es tres años menor que yo, y lentamente le he ido robando la ventaja. Segundo porque no sólo es más joven biológicamente (¡Ea!), sino que está social, emocional y culturalmente menos viciado que yo, lo que lo hace más fresco, menos enredado y más joven. Ergo, también se lo robo. Y tercero, porque no puede uno vivir de la editorial, de las noticias, del día a día informativo, y hacerse viejo, porque el mismo ir de las cosas te va llevando en su cresta, como una ola a una tabla de surf. Y paradójicamente te vas sintiendo joven, pero vas haciéndote viejo, as in: “El Diablo sabe más por viejo…”.

10.- Nada dice mejor: “Tienes 30”, que sentirte joven cuando te han salido las primeras arrugas, ya no puedes estirarte como gato porque te duele la ciática, y el pelo se te empieza a caer… y absolutamente todo eso te vale dos pepinos pasados por agua. Porque ya eres suficientemente viejo, para saber que lo mejor, está apenas asomándose en tu vida.

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