>La frontera de los tres meses

>Hace tres días cumplí tres meses de oficinista. Para mí la frontera de los tres meses siempre ha sido significativa a un nivel cuasi destinal. De ese dogma auto impuesto culpo a los 12 pasos de los grupos de autoayuda. Específicamente a Comedores Compulsivos Anónimos, comunidad que me fue presentada a los 12 años y 80 y pico kilos.
En CCA, como en AA y todas las anónimas que acompañan, los tres meses son como EL momento de la vida y el amorts. Si consigues sobriedad por ese periodo eres merecedor de una fichita como las que dan en los casinos pero que dice “3 meses”. Y ahí anda uno con su fichita para todos lados, como si al dejarla a caer inmediatamente te fueras a atragantar en una comilona, refundirte en una cantina, pegarle a tu mujer, darte un tiro, fumarte 25 churros y meterte 40 harponazos o ir a una orgía.
Yo nunca tuve fichita. En realidad nunca fui miembro de CCA, nomás terminaba yendo como que no quiere la cosa, porque no había donde ponerme y después de todo, no me iba a hacer daño. Los anónimos dicen que a los tres meses tu cuerpo ya regeneró células y es menos dependiente a tu adicción puesto que las células nuevas no están echadas a perder. Mi sobrino el futuro médico dirá que es cierto en parte y en parte es pura babosada. Y como siempre pasa con ese escuincle, tendría razón. Una cosa es que el cuerpo siempre regenere las células con esta capacidad y otra que la nicotina se salga de tu sistema, o que tus neuronas no estén más entrenadas que perro pavloviano a responder al estímulo de la tentación.
Si se están preguntando, yo nunca me curé de querer comer. Siempre quiero comer, y si se puede comer mucho mejor. Pero pus le prometí al marido que le voy a vivir otros 40 años, y ahora me friego.

Desde que ese dogma invadió mi inconciente, los tres meses (o sus múltiplos) invaden mi calendario. Tres meses fingí felicidad en mi primer arrejunte. Seis meses duré en casa de mi madre después de iniciar psicoanálisis. Otros seis después de retomarlo fueron los que aguanté al primer arrejunte. Tres veces perdoné a Ilse, Tres volví con Carlo. Tres días (separados por muchos más) me tardé en hacerme novia de mi maridazo de mi vidaza. Tres meses cumplí hace tres días en este trabajo, y apenas hace dos que lo disfruto.

Si hubiera un grupo (segurito que los gringos tienen algo así) de Freelanceros Anónimos (podría ser Temerosos al Compromiso Anónimos) mis compañeros me harían pasar a tribuna y me invitarían a echarle humildad y curarme.
Subida en el banquito diría que esta sobriedad de estar en mi casa, de ser mi propio jefe, de no darle cuentas a nadie más que a mí, me tiene harta, que quiero volver a la embriaguez de ser la parte más alta de mi cadena alimenticia. Diría que estos meses han sido una cura extrema de altas dosis de humildad. Y después de llorar y desgañitar en tribuna, diría: “gracias compañeros, buenas noches”. Y entonces mi sponsor me invitaría un café y me diría,”chido por compartir, ¿pero no crees que en realidad es miedo de cambiar?, ¿de dar el siguiente paso?”

Hoy cierro por primera vez en cinco ediciones, satisfecha de mi esfuerzo. Pero no sé si es suficiente. Hoy, no sabría qué contestarle a mi padrino. Solo por hoy, decido que es viernes, que no hace falta decidir aún.

ANEXO
Esta semana estrené mis primeros pantalones talla 7 en la historia de mis lonjas y gorduras. No hice fiesta nacional ni convoqué a desfile, pero debo decir que gusto, gusto, sí me dio. No por lo que significa ser flaca, sino porque es el fruto de 10 meses de esfuerzo, esta vez, efectivo. Desde que recuerdo he sido aspirante a flaca, recuerdo haber tenido ese anhelo como a los cuatro años, cuando mi compañera del kinder (una güera ojiverde, besó al niño que me gustaba). Yo no sé si era gorda en ese momento, pero me sentí hipopótamo. En la primaria mis amigas (güeras la mayor parte), eran esa especia de seres humanos talla menos 2 capaces de comer pizza todo el día sin engordar nada. En la secundaria fue más democrático: Ilse (también güera.. o al menos así le decía yo), no era precisamente más delgada, o menos gorda, según se vea; pero en su momento emocional más álgido, le dio por la anorexia y llegó a ser talla 5.
Yo he sido talla 13 apretadita. Y antes de esta dieta regalada por mi generosa sobrina Natalia, sólo fui pseudos flaca tras la muerte de mi papá. No sé qué talla era, pasé un año en pijama y nunca pude comprobar números. Como único dato tengo los reportes del marido, quien aseguró hace dos meses, cuando todavía era talla 9, que otra vez se me sentían las costillas como cuando me conoció.

De entre las muchas cosas que quería hacer antes de los 30 estaba este pendiente. Lo he conseguido… Me quedan 35 años más para mantenerme. A ver si no me canso.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Jake dice:

    >Tenía algo que escribir cuando abrí esta ventanita. Luego ya cuando se abrió sólo me acordé de Ilse y se me fue la onda. Creo que a final de cuentas no merecía mi insano deseo.En cuanto al asunto de los tres meses, son tres meses de prueba y al inicio de los tiempos también eran tres meses sin intereses.Y si bien no estoy a dieta, estoy tratando de no comer cochinadas y me solidarizo contigo y tus pasticetas!!

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