>Otro pequeño esfuerzo

>Hoy leí que han llegado 329 quejas a la CDHDF. Pensé que así como mi píxel ayudó a liberar una foto. Mi queja ayudará a ejercer presión. El Marido dice que teme que gane Obrador y que como Chavez hizo en Venezuela con todos aquellos que se han quejado por su administración, o que no apoyaron su candidatura, nos pongan en una lista negra y nos priven de todos los derechos, incluso del derecho a trabajar.
Supongo que eso puede pasar… espero que no. Sino, siempre quedará la opción de irnos a buscar futuro como esos “pobres” que Obrador usa de lanza política.
Copié aquí mi queja. Si al final les gana la desesperación como a mí, el correo en donde se reciben estas inconformidades es:

quejas@cdhdf.org.mx

Aquí va mi queja pues.

Vivo en la calle Río Danubio, a cuatro cuadras de Reforma. He vivido aquí desde hace más de 20 años. Estoy más que acostumbrada a las manifestaciones, al tráfico, al ruido. Con todo, esta había sido una colonia tranquila.

Tengo por costumbre leer los periódicos todos los días, no sólo en versiones impresas sino en línea. Fue así como supe de los bloqueos, de los plantones. Por fortuna salí una hora antes de lo acostumbrado para llegar al trabajo en Santa Fe.

El primer día intenté pensar que no pasaría nada, que no importaba que bloquearan mi colonia, mis calles, mi avenida favorita en la ciudad, la razón por la que no me he ido de aquí a zonas menos conflictivas, menos populares como estandartes políticos. En la oficina fueron comprensivos y me permitieron salir una hora antes de lo acostumbrado. Fue así como pude llegar a la hora de siempre, con dos horas de trayecto recorrido.

El miércoles descubrí que el camión de la basura no había pasado, que tampoco don Héctor o don Memo, los barrenderos de mi calle, habían pasado por mi casa. Fue entonces cuando pusieron los juegos mecánicos en la Alameda. El fin de semana quisimos ir a desayunar al tiangüis de Obrero Mundial, como lo hacemos normalemente. Me tardé en cruzar 40 minutos, todo para descubrir que doña Barbarita, la quesadillera de casi 80 años que viene desde su pueblo en las cercanías toluqueñas, tampoco había podido llegar. Perdió su mejor día de venta. Mi familia y yo tardamos media hora en volver a nuestra casa.

Esta semana el olor a basura se intensificó en las calles. Un poco porque no pasan los camiones tan seguido como antes de que se “estuviera construyendo la democracia para casi todos sobre Reforma”.

Como bien dijo nuestro incapacitado gobernador, la prensa está haciendo mucho alboroto por el bloqueo, así que los helicópteros y motocicletas que suelen cubrir la nota del tráfico a las 8 o 9 de la mañana, comienzan a sobrevolar a las 6, hora en que ya hay automovilistas tocando el claxon. Entiendo que nuestro confundido gobernador no vea el problema, porque para él, que tiene libre acceso por todas las calles, esto que pasa en la Ciudad de México es apenas una molestia menor.

Tengo la fortuna de conocer bien la zona, de entenderle los atajos. Así que la primera semana casi no llegué tarde a ningún lugar aunque fui notando que poco a poco los recorridos se hacían un poco más largos cada día. Antes de los bloqueos salía de casa a las 7:40 am. Me tomaba sólo 20 minutos llegar a Santa Fe. Ahora salgo a las 7, y llego a las 8. El jueves pasado salí de la oficina a las 6, como me es permitido estos días. Seguramente fue la lluvia, no pudo haber sido efecto del bloqueo según Alejandro Encinas y Joel Ortega, pero yo llegué a mi casa a las 9:10 pm.

Soy hipoglucémica. Debo comer cada 3 horas. Aunque el retraso fue menor, la tensión de manejar en lluvia, con el resto de los automovilistas dispuestos a pasar por Reforma sin pensar en nada más que recuperar nuestras calles, luchando contra los cientos de baches en el recorrido, me provocó una baja de presión. Sólo espero no tener esta clase de incidentes por mucho tiempo.

El tanque de gasolina que dura casi diez días, está durando sólo siete. Estoy segura que Ebrard y Obrador dirán que mis quejas son burguesas e hipócritas, sentados en sus autos que hace por lo menos seis años no manejan pues gozan de la socialista fortuna de tener chofer.

Soy vecina de los campamentos. Y estoy entristecida, desesperada. Quiero recuperar las cuatro horas de vida que dejo en las calles, las cuatro horas de convivencia con mi familia, las cuatro horas que inevitablemente me hacen menos productiva en el trabajo.

Acostumbrada como estoy a las manifestaciones, quiero pedirles a estos nuevos manifestantes que me permitan tener ganas de defender sus demandas, de parar las críticas cuando alguien dice que sólo una voz es la que cuenta. Quiero que me den razones para respetarlos. Quiero que exijan respeto, empezando por poner el ejemplo. Que respeten mi calle, mi colonia, mi Reforma.

Desoladoramente
Maríaisabel Mota

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