>Nostalgia

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Mi voto no lo decidieron las “campañas de miedo” a las que hoy amloistas y perrredistas achacan la “falta de democracia” en el país. A mí no me cambió la vida cuando llamaron peligro a AMLO. Yo ya sabía porquién iba a votar, y como lo supe hace seis años, sé que también voto por sus fallas. No me hago tonta.

Cuando no voté por el PRD sabía que estaba impidiendo esto que hoy provocaron quienes votaron por AMLO con amnesia. Sé que la crìtica es dura, sé que desde hace dos meses cuando voté por Calderón, muchos me considran derechista, fascista, represora, maniquea. Pero sé que esos adjetivos no me los gané antes de la elección, me los gané desde hace dos domingos.

Hoy cumplo nueve días viviendo cerquita del Muro de Reforma. Nueve días que si bien no significan “mayores molestias” más allá de levantarme una hora antes para llegar a tiempo, tirar la basura sólo una vez por semana, escuchar el ruido que hacen los que se quedan de guardia en el campamento de la delegación Coyoacán, saber que la fonda de la esquina ya corrió a una de sus dos meseras, si bien no representan una tortura civil, sí van lentamente calentando mis motores. Estoy a poquitos días de desvielarme… de fascismo, de derechismo, de represión.

En estos días he aprendido que mi opinión es síntoma de intolerancia. La opinión de la izquierda es libre expresión democrática. Mis quejas son molestias hipócritas burguesas, las de la izquierda es lucha social. Mi manera de pensar es maniquea, la suya es pacífica, cuasi conciliadora, mesíanica.

Estoy cansada… Me hace falta mi Reforma. La que me consoló por la falta de jardín cuando nos mudamos de Miraflores a la Ciudad. La que me ha visto pasar de novios malos, a peores, a mucho mejores. La que era mi “patio grande” cuando se divorciaron los papás y la recámara de la jefa estaba en el monumento a Cuauhtémoc y la de papá en el Angel. Estoy deprimida por no verla. Estoy encabronada por saber que se la pasan orinándola en nombre de la democracia. Ahora me voy enterando que la democracia está a la baja, que resultó más inestable que el peso, que bastaba sólo un cabrón con delirio mesíanico, truculento hasta las cachas, manipulador hasta la verguenza, pero listo en tonos maquiavélicos, tanto como para apoyar su hambre de poder en el añejo rencor social que padece mi país. Bonita su democracia. Bonitos sus reclamos. Bonita manera de explotar la tristeza generalizada.

En lo que me la regresan, ocuparé la foto….

Pero más que Reforma, me hace falta que sin caer en la trampa de la provocación, recuperemos la Ciudad. Que sin ignorar los reclamos, Oaxaca vuelva a estar en las listas de sitios vacacionales recomendados por el extranjero. Me hace falta que los mandatarios de izquierdas dejen de sentirse piezas históricas a los 15 minutos de estar en la silla, me hace falta que la izquierda deje de portarse como adolescente de 15 años, que la derecha deje de portarse como abuelita espantada. Me hace falta que todo mundo se ponga a trabajar como antes, en el sano cinismo, en el ejercicio diario de sabernos adultos y que ningún gobierno, ni ningún héroe demagogo va a “salvarnos”… nomás porque no lo necesitamos. Porque se puede solos. Y si no se puede… no es culpa del gobierno.

Me hace falta mi papá… que me enseñó que por mucho que me cuidara, al final siempre hay qeu rascarse solo. Me hace falta saber que aunque veo el agua y los aguaceros tan cerca, yo puedo solita. Y esa idea, no me la metió la “campaña sucia” del que hoy llaman corrupto y espurio. Eso me lo metieron los amloistas apostados en la esquina de mi Reforma.

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