>15 dias

>Prometí reporte… no sé si a alguien o a mí. Pero ahora que me siento a hacerlo, me doy cuenta: si no escribo esto, cuando pase el tiempo todo será diferente, y lo olvidaré.

Ya pasaron los primeros 15 días. Estoy… parafraseando a mi amiga Marce, quien parafrasea mucho a Benedetti, estoy “jodida y radiante”. La oficina, el trabajo, la rutina, las novedades en la rutina. No sé ni por donde empezar, no tengo mucha cabeza. Puedo decir en concreto que ratifico mi admiración por todos los que se levantan a las 5 para ir a una oficina. Han sido mis héroes siempre y yo, ahora que lo hago, nomás me siento como pitufo entre gigantes.

Mi marido siempre dice que no es necesario que uno sea exactamente todo lo que el otro espera, que no tiene que ser perfecto. Ahora que voy a la ofiz, me doy cuenta que mi mayor problema en la vida, siempre ha sido querer ser todo lo que el otro espera, incluídos los huecos y las imperfecciones. Es mucha ambición, es mucha inseguridad.

En la oficina descubro pedazos de mí que intuí existían, otros que aplastantemente son verdad (soy sorda… el oído izquierdo más que el derecho). Que no soy tan torpe, que no me tropiezo tanto como creo y que no todo mundo cree que soy un bicho raro, aunque yo todo el tiempo sienta lo contrario.

En notas más específicas…

Eso de estar en un bloque de cemento.

Tengo un cuate que se quejó en la semana de que su cacho de oficina parece obra negra. Yo no pongo en duda su pareciación, pero me doy cuenta que de algo me sirvió nunca tener amor por la calle. Mi oficina me gusta. Hay un friego de luz, un friego un friego. A la derecha puedo ver una avenida encerrada entre árboles y si em acerco a la ventana puedo ver flores salvajes. A la izquierda está uno de los fenómenos arquitectónicos más desconcertantes que he presenciado. Todos dicen que es una fuente, pero cada que se prende, yo siento que el edificio se inhunda. La fuente en cuestión está en el centro del edificio, construido con disposición post colonial, pero con diseño barreganesco. Hay unas escaleras que nacen de una esquina del cubo de luz y salen hacia el patio central. Pero tal patio no es patio, es piso para fuente. Y la fuente, que está a los lados de los escalones, inhunda todo ese piso. Es una cosa muy… muy… tensionante, extraña. Suena como si lloviera en la oficina… menos mal que trabajo en el último piso.

Sobre la convivencia.

Trabajo en un piso con cerca de 50 personas. Todas andan en lo suyo… salvo cuando no lo están y les da por agarrarse a golpes o buscar la forma más churrigueresca de albur. son chistosos. Sólo somos 6 mujeres. Las 6, creo yo, abismalmente distintas entre sí. Dios nos conserve en bajo número, y distintas, distintas, distintas.

Ya me había advertido Rodrigo sobre los horarios: la gente llega tarde, se tarda comiendo y se va temprano. Yo siempre pensé que era una cosa de críticar a los oficinistas, pero resultó que es verdad. Es muy raro el ritmo de trabajo de los oficinistas. Muy raro, laxo y disperso. Como que los freelanceros somos menos largos en horas nalga, pero más concentraditos. Es raro.. ahí poquito a poquito me iré acostumbrando…

En otras noticias.

Nati se me va a la lejaní gringa. … … … no hallo bien qué sentir. Gusto de verla tan dueña de sí. Triste, porque sé que no se puede de otra manera.

Las coincidencias de logros a mi alrededor me tiene eufórica y, como es lógico, alerta. No que vea yo venir un Madrazo… o peor, un López… u otra Martita…. Sólo que son tiempos para estar alertas, pero sobre todo agradecidos. Por el trabajo, por la salud, por la familia que aunque escasísima es maciza, constante y leal. Por sentirse cansada al final del día y saber que la cama te la ganaste a pulso.

La oficina si bien, te nulifica en individualidad, te da un sentido de pertenencia, de empuje en conjunto. Agradezco también eso… el miércoles le decía al marido: esta es mi segunda oportunidad. Esta es la segunda vez que el mundo me da chance de no dejarme por las presiones.

Me voy, estoy orgullosamente tronadísima de sueño. Pero siguiendo la línea editorial:

Me gusta:
Sentirme útil… no tenerle miedo al coche.

Me gustaría:
¡Tener más tiempo para tejer!

¡No olviden comprar Autoplus los primeros días del mes!

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