>0-0 Ni hablar del peluquin

>Son cuarto pa’las nueve de la noche. Es viernes. Toy en la ofiz.

La semana ha sido mortificante, pesada, gozosa, nueva, como selva y uno con lamparita de juguete. Ha sido de muha nostalgia y de harto aprendizaje.

Hoy llegué a mi segundo hogar tantito después de las 8 am. Ayer a las meras 8. Me gusta llegar antes que todos, y ahora descubro que también me gusta estar aquí a esta hora, cuando el sol ya no entra por tanta pinche ventanota y la fisonomía de todo se altera… no sólo por la ausencia de las muchas voces nuevas, sino por lo acogedor de lo tranquilo. Lo único malo, es que fueron muuuuuuchas horas.

Tal vez es esta nostaliga venga porque el corazón se me hizo mierda cuando vi que el tiempo de recuperación se acabó y no hubo gol. Por cierto: he descubierto que para mí, el futbol es una cosa íntima. Cierto es que vi el partido del domingo pasado en un restaurante con un montón de polanqueños extraños y viejas anoréxicas, pero estaba protegida por mi familia de escogencia, por los hermanos postizos de mi marido y mi pseudocuñada Alessandra (que quede claro que lo de pseudo es nomás porque Tony no se ha cambiado el apellido a Olavariendía, y pal caso, yo tampoco).

Hoy vi el partido enmedio de todo el equipo de MotorPress. Seis mujeres… como 20 cabrones. Yo tejía. Mi jefe se sorprendió de que verdad iba a tejer. A penas empezó el partido me di cuenta de que lo más inteligente que he hecho en la semana – aparte de no perderme en esta empresota tamaño XXL- fue traerme el tejido para ver el partido. De no haber tenido mi escudo protector de estambre, los comentarios de los demás, la presencia de los demás, las espectativas de los demás me hubieran abrumado de tal manera que no habría disfrutado el partido. Ya sé… uno no disfrutó nada porque no había nada qué disfrutar… “Pinche portero angoludo”, como dijo una de las pocas mujeres de la oficina. Extrañé la intimidad de mi gente, de mi propio clan. Tuve ganas de hablarles, pero tenìa… tengo, muchos pendientes y no hallé tiempo.

Agradezco mucho a quienes se detuvieron a leerme. El blog me ha salvado de la frustración por ser escritora en un país sin industria literaria. Saber que la gente que yo considero mejor y rebuena, aprecia lo que escribo ha sido uno de los apapachos más sabrosos de la semana… junto con el mensaje de Tony mi primer día, la foto de Nati de bolsillo “para que no me extrañes”, la calidez maternal de mi Tía Elena, la coincidencia de felicidad con la Ro, las hijas que se han portado rebien en mi ausencia y no se han comido los zapatos, y el marido que hoy, viernes, cansado y todo, manejará hasta acá para venir por mi.

Pensando en eso.. casi ni me acuerdo de las pocas, pero escandalosas, cosas malas de la semana.
En fin, ¡Qué viva la hora nalga!

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