>Muchas primeras veces. Muchas en muy pocos días.

>La primera, primera: Mi primer Mundial con la Musaraña.

Quienes me conocen saben que cada cuatro años me aflora la cancha, el barrio, la barra, la camiseta y el director técnico que todos tenemos dentro. No contaba los días, ni me emocionaba por ahí de enero, pero nomás empezó y ¡pum!, me cayó encima el aficionado.

El sábado, vi mi primer partido de la Selección Mexicana con el marido. Eso significa también que es mi primer Mundial con marido. Para que amarrara más la cosa, vi por primera vez un partido en un lugar público. Esto es, con gente… que gritaba, que comía mientras hablaba, que juzgaba a quien pasaba frente a sus mesas: Mi pesadilla completita.

Pero pasó que me la pasé bien. Todo el partido sentadita, sin angustiarme por nada más que porque entraran los goles y porque cada vez que pasara un balón por la portería de Irán, le hicieran un buen close up a las piernas del portero… qué piernas… … …

Mis esperanzas eran un marcador 2-1. El tercer gol me cayó como pastel de chocolate con helado de menta. La perfección absoluta. El marido fue prudente y salimos corriendo del restaurante para no quedarnos en el tráfico del Angel… que debo decir, se quedó corto de aficionados este año. Qué bueno… Sí, soy una aficionada Grinch. Ya bastante era con que me gustara el futbol cada cuatro años, ¿o no?

La segunda primera:

El jueves de la semana pasada jjjui a acectar una chamba que secretamente ansiaba y públicamente temía. Desde ese día soy la nueva redactora de la revista Autoplus. Eso significan varias cosas. La primera (de la segunda): que cuando uno se convierte al sateluquísmo, termina por aprender de coches. La segunda (de la segunda): que de algo ha servido comprar tanto carrito y tanta revista, y tanto DVD sobre coches. La tercera (de la segunda): que ahora habrá coches en mi vida, hasta en el postre… porque la sopa, ya estaba muy colmada. La cuarta (sigue siendo de la segunda): que por fin me atreví.

La tercera primera:

El jueves, cuando iba manejando rumbo a la que sería mi nueva oficina vi un titular con el rostro de Oswaldo Sánchez y la palabra “Duelo”. El corazón se me hizo cucurucho arrugado. Pensé: “Se murió. No, no se murió. No se puede morir. Tiene muchos hijos. Su mujer.. Carajo, su mujer”. Prendí el radio y hablaban tan vagamente, tan sin repetir las cosas cada 2 segundos como decían en la escuela que se debía hacer, que yo seguía creyendo que se había muerto. Fue hasta que llegué a Santa Fe cuando pude leer la noticia de reojo. Entonces cayó la otra primera vez. Oswaldo, que jugaría en el Mundial, no podría hablarle a su papá al acabar el partido.

Yo me regresé de Santa Fe re-contenta, re-esperanzada, re-cagada de miedo. Y por ahí del entronque con Reforma pensé: mi papá… mi mamá… Chale. Qué mierda. Eso les pasa por tenerme tan grandes. Ya no me vieron hacerme adulto. Y yo que me tardé tanto en hacerme en adulto.

Y no es que el trabajo de oficina te haga adulto, es lo que significa para mí. Así como para otros es comprarle un coche a la mamá con el primer año de sueldo, o comprarse una casa, o ser papás… para mí, checar tarjeta, trabajar en un escritorio de 9 a 7, comer fuera de tu casa, estar rodeada de extraños y sentirse sola sin estarlo, eso es ser adulto.

Pensé mucho en ir al estúpido pedazo de cemento donde metieron los cuerpos de mis jefes y acostarme en el pasto a pensar en que me oyeran y en que yo los oía. Pero pensé después. Que no. Que por algo decidí no ir cuando metieron ahí a mi mamá. Mis papás, en toda mi vida, no estuvieron juntos de ninguna manera, y ahora saber que están ahí, 24 x 7. Es una comezón que da en un lugar muy íntimo de la sección de perversiones del cerebro.

Me llené el corazón de pensar que tal vez si vivieran dirían algo que tal vez no me haría sentir bien y que así está mejor, que ahorita nomás yo siento que sienten lo que siento y que eso está más… séntido, diría Chava Flores.

Me acabé de llenar el huequito pensando en que mis suegros están ahí para algo. Que son uno de los muchos perks de tener al marido que tengo.

La cuarta primera

(Y sin querer, quedó como caja de velocidades)

Hoy fue mi primer día de oficinista. Y siento el corazón apachurrado y feliz. Como recuerdo los primeros días en una escuela nueva. Hay diferencias sí…

1. Ya no soy gorda.
2. Ya no me siento fea.
3. Si era lista en la escuela… ahora soy lista para no serlo… jejeje.
4. El camino de ida y de vuelta me sirve de hora de meditación. (Ejemplo: Hoy llegué a la oficina a las 10. Salí de la casa a las 8. Sí, de la puerta de mi casa, pasando por la calle, la pensión, el trayecto, la recepción de la oficina, el estacionamiento, las escaleras, el elevador, el pasillo y mi silla…. son dos horas). Cuando iba para allá, en la mera esquina de Reforma y Gandhi habían cuatro mujeres policías bien contentas, maquilladitas, platicando mientras movían la mano haciendo el clásico “aváncele, aváncele”. Si pasaba un hombre que consideraran guapo, le hacían ojos y le revisaban el carro para ponerlo nervioso. Cuando salí de la oficina, una hora después de que mi cerebro decidiera que ya no podía más con esta nueva actividad, manejé otra hora de regreso a mi casa. Y en la misma esquina de la mañana, estaban dos de las mujeres policías que vi en la mañana. Tan peinadas, tan coquetas, tan mandonas como horas antes… Su adultez… es como 100 años luz más madura que la mía).
5. No existe obligación alguna para hacer esto. Conseguí trabajo porque se me dio la gana de no estar en la casa, porque se me dio la gana ser de esas que salen en la tele que trabajan y lavan platos, y duermen a sus hijas (en serio, es más difícil dormir a las mías que a las humanas). Porque quería dejar de tener miedo a la calle y a l tráfico y a las miradas que no sé interpretar y a las mujeres de mi edad. Así que, si esto no me gusta, si no me sale, si me aburre, si se me ocurre que quiero volver a ver la repetición de Oprah a medio día… Me-voy. Y no hay boleta de calificaciones que se arruine, ni maestro que te diga groserías que se te quedan marcadas por décadas, ni niñas populares que te digan que morirás de hambre si no estudias la Uni o te casas con un rico. Como diría Nelson de los Simpson: JA-JA.

La quinta primera (Es que trae mucho motor).

Hoy entré a la casa, y por primera vez en mi vida dije: ¡Hoooola! ¡Ya llegué de la minaaaaaa!

La sexta primera (Una más y es la caja esa del Mercedes)

Mi marido……
….

Cocinó…
….
y fue delicioso…

Y cada bocado me sabía exactamente….

A lo absolutamente perfectos que somos juntos.

Muchas primeras de primeras.

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