>Un repaso grafico de estos dias

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Esta foto fue cuando todavía no habían hablado de cáncer. Esa noche hablamos con el tanatólogo. La dueña de la casa quiso echar a perder la foto obligando a los nietos a mostrar una foto de su engendro (muy a pesar de la concurrencia), así que la edité. Ya desde entonces había problemas. Esto habrá sido a finales de noviembre de 2005.


En esos días mamá todavía caminaba a la sala. Yo la cuidaba en las mañanas, un poco a escondidas. Me acuerdo que cuando salía la dueña de la casa me hablaba para que fuera corriendo. Me posó siempre. A mamá siempre le gustaron mis fotos. Decía que era lo mejor que me había dejado el exmarido. jejejeje…


Luego vino Navidad. Los últimos años, desde que murió mi papá, los Jimenez, a veces los Sapién, mamá y nosotros, los Buendía, pasábamos la tarde juntos. Esa Navidad no sólo fue imposible, sino que además tuvimos anfitrión en contra. Mabruja, dueña de la última morada de ma, insistía en que no estuviéramos más de dos hermanas al mismo tiempo. Loca… Así que en el miedo de que mamá muriera antes de Navidad, como tantos años prometió, les entregué los regalos a todos. Mamá tenía su chal varias semanas antes, cuando empezó a deprimirse por la enfermedad. Me da orgullo saber que mis tejidos le dieron motivo de alegría en sus últimos días.


Yo llevaba siempre mi tejido. La labor se ha convertido en una herramienta de defensa. De relajación. A mamá le fascinaba verme tejer. Supongo que hacía un poco como dicen los gurús con el ejercicio físico: haz ejercicio siempre. Si te quedas sin piernas, mueve los brazos. Si te quedas sin brazos, mueve la cabeza. Si te quedas inmóvil, mueve los ojos. Si no puedes moverlos, piensa que te mueves. Mamá ya no podía coser.. así que supongo, se consolaba viéndome tejer. Entonces les dio por tejer a todos. Mabruja, que yo no sabía, aprendió a tejer de niña, igual que Marcela y Carmen, tejió unos ponchos para las hijas de ésta última. Natalia, la más arriesgada de todos, tejió a tontas y locas, con sobras, y sin mucha paciencia.. pero logró hacer la bufanda más hermosa que he visto en muchos años.


Los que sabían cómo, tejieron. Los que no aprendieron. Nanis acabó una bufanda para el novio. Luis hizo una para su novia. Creo que fue lo mejor de todo el proceso.


A veces le daban permiso a Car de llevar a sus hijas, que fueron la mayor alegría de mi madre siempre. Un amor que trajo muchas heridas… a todos nos hizo falta amor materno, a Carmen le hacía.. le hace falta que mi mamá la quisiera por ella, no por sus hijas. Era raro ver como quería a estas niñas… como las quería cuando nosotros hemos sentido que no nos quiso. Pero daba gusto verla contenta.


Luego de un rato mamá ya no aguantó el dolor. Y había que inventar de todo para que estuviera cómoda. Un día se nos ocurrió este acomodo. Me sorprende aún hoy, como mimadre siempre fue hermosa. Siempre… hasta en las peores circunstancias. Hoy que ya no está, me da nostalgia aquellos días cuando yo era niña y no la veía… las películas de Angélica María, de Rocío Dúrcal… siempre me la recordaban. Mamá era bonita de esa generación: ojo grande, boca chiquita y bien dibujada, pómulos altos, sonrisa en todo el rostro. Tal vez por eso siempre dije que era como una planta carnívora… hermosa y mortal.


El domingo siguiente a su muerte fui a su casa. Para recoger la llave fui a casa de Leticia, ella tenía esta foto. Fue un día espantoso ese… yo no lloré cuando supe que mamá murió. Como ya he dicho antes, sentí alivio, y luego dolor. Pero fue el trato de Leticia el que me quebró. Por una razón que en ese momento desconocía, Leticia me trató con coraje, con desprecio inclusive. Yo no entendía porqué (hoy que conozco las razones, me siguen pareciendo absurdas, pero al menos las conozco). Esta foto me recuerda justo esa clase de emociones que me ha provocado la familia: una foto hermosa, de una mujer hermosa, bien vestida, feliz.. y por alguna razón, lo que hay alrededor de esa foto te haace sentir sola, abandonada.


Creo que ya se cumplirán 4 meses desde que mamá se fue. No he vuelto a la normalidad. Su muerte me ha sacudido todo. Me ha removido el dolor de perder a mi papá. Me ha abierto heridas nuevas, donde la soledad que se vive al ser de este clan, ya es inevitable y no tiene pretexto de salvación. Me ha recordado que vivo en un país donde recibir algo de un ser querido tras su muerte, más que una bendición, es un martirio… un costoso martirio. Sin embargo, este estadío oscuro hace ver aún más brillante mi presente de por sí luminoso. En medio de esta locura solitaria me siento agradecida… de mis hijas tomando el sol, de mi marido que me ama no importa lo deprimida que esté, o lo desesperada que me llegue a sentir; de mis habilidades creativas, de mi salud, de mi capacidad para no caerme aunque creo, siempre me ha dado por caminar muy cerca de la orilla.

De alguna manera todo esto, me sacará adelante frente a esta adultez ya inevitable.

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