>El Starbucks de hoy

>El día estuvo especialmente ajetreado. Nos levantamos muy tarde y las rutinas se recorrieron una hora. Cierto que no había compromisos sino hasta la noche, pero por alguna razón, después de la 1 de la tarde, el día avanza más rápido. No importa si te acabas de levantar o si ya llevas despierto 10 horas.

Entre las muchas cosas que no estaba esperando sucedieran hoy, la primera llegó incómodamente. Hace una semana que decidí ser una más de las “Señoras del Tejido” de la colonia y me uní al grupo que teje chambritas de bebé, sweateres de cables y blusitas de crochet, justo a la vuelta de mi casa. Viniendo de una familia como la mía, habiendo estado en SOGEM, es fácil de creer, pero difícil de aceptar, que haya gente como la que imaginamos en nuestros cuentos. Que de verdad exista Martita la que sufre por un marido que la maltrata pero que secretamente le soba los pies. O Lupita la madre de embarazos adolescentes que vende Jaffra y es custiodada por un hijo que parece su hermano menor.

Las historias más lejanas a mi universo se esconden a sólo 50 pasos d emi puerta y, como yo, tejen para matar el tiempo que queda vacío cuando los maridos se volvieron los únicos provedores, o los hijos son demasiado grandes para necesitarte, o tu vida se llenó de recetas de cocina, lavadoras y tintes para el pelo. Así, que de alguna manera, yo dejé de vivir en esta, mi antigua dimensión, para vivir en aquella que hoy me parece otra, pero que en realidad me pertenece y me reclama.


Aquí la primer foto de mi tejido egoísta. Con algo de suerte, y mucha resitencia nalga, lo acabaré en dos semanas y postearé el patrón.

Cuando el reloj anunció la hora de irse, empaqué mi vida en la maleta del tejido (el proyecto que hoy tejo, mi Gran Diccionario Temático de la Lengua Española, la carpeta de patrones y la carpeta de gramática y ortografía) y me encaminé al Starbucks, donde desde hace dos lunes doy clase de redacción.

El Starbucks, como siempre, presumía su disfraz de oficina improvisada para burgueses. Estos días, un policóa atiende la puerta y te recibe un poco con amabilidad, otro poco con sospecha. Los gringos de siempre añorando su Starbucks natal, los mexicanos de siempre, añorando el status social que se esconde tras un Mocha Venti.

Mi alumna llega. Su compañero canceló en la mañana. Estamos las dos solas en contra de las Mayúsculas, el tema de hoy. Desde el mostrador, Gibrán, un empleado del café, nos observa intrigado. En la clase anterior se detuvo a preguntar qué era eso de cacofónico.

Otra vez llegó la hora de correr. En casa me esperan mis lavadoras, mi piso sucio, la cena sin hacer, las hijas sin croquetas, y mi tejido egoísta: el sweater de pulpo, como lo bautizó mi suegro.

Los días con lluvia tienen algo que deslavan las ganas y lo dejan a uno exprimido en el fondo de la mecedora.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. >M:Bueno esto de echar chal, sabes de sobra que soy tu principal fan y que every day pienso que sería fabuloso que un día pusieramos una poutique con las cosas que tus manitas tejen y cosen, como mis edredones, las cortinas de Tomiche, etc.Enhorabuena y millones de besos.Mika.

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  2. M dice:

    >UNA POUTIQUE!!!!Sería maraviwonderful tener una putik!!!! jajajaja

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